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9#. Piano y *10#. Pulpo (Takoyaki)

  • Feb. 24th, 2008 at 2:02 PM
heijigritzi

9#. Piano


Para cuando el detective encontró a la desaparecida y prodigiosa pianista Reiko Mitsuya, ya era demasiado tarde.

- Dios…

            El muchacho miró para otro lado, sintiendo como el estómago se le revolvía de golpe. El cuerpo descuartizado de la mujer yacía en el interior del piano negro de cola que ocupaba la mitad del escenario, como único protagonista del concierto que aquella noche se había suspendido. Jamás había visto un cadáver tan demacrado, tan bárbaro y horriblemente asesinado…

            Tan alejado de parecerse a un ser humano.

            De repente escuchó a alguien ahogar un gemido tras su espalda y temió lo peor que, después de descubrir tal podía ocurrir en aquella terrible noche. Se dio la vuelta rápidamente e intentó ocultar con su cuerpo lo que, irremediablemente, ya había sido visto por ella.

- Ka-Kazuha…

            La muchacha, blanca como el mármol, comenzó a temblar como nunca antes.

- Kazuha, no…

            Y un grito desgarró el aire del auditorio.

 

            Desde pequeña a Kazuha siempre le había atraído la música del piano. Heiji aún recordaba como en los recreos, cuando ambos aún eran unos críos, la chica los dejaba solos a él y al resto de sus compañeros para ir hasta la clase de música y escuchar a su profesora, Reiko Mitsuya, tocar en la soledad del aula. Era entonces cuando observaba a aquella dulce mujer de cabello corto y castaño y se dejaba hipnotizar por aquella melodía, por la voz del instrumento y por el suave movimiento con el que se transportaban los dedos de la pianista sobre el teclado. Y allí se quedaba hasta que finalizase el descanso, al lado de la puerta, abrigada por aquellas notas que conseguían transportarla a otros mundos, a un sin fin de sensaciones.

- ¿Kazuha-chan?

            La joven dejó de tocar y se levantó. Aquello sobresaltó a la niña, que enseguida se apresuró a pedir disculpas:

- ¡Go-gomen nasai señorita Mitsuya! Yo… yo no quería molestar, sé que está mal espiar pero… pero… -levantó la cabeza, con las mejillas encendidas- ¡Es que usted toca muy bien!

            Reiko sonrió alagada y después se agachó a su altura.

- Así que te gusta escucharme tocar, ¿eh?

            La chiquilla, avergonzada, contempló sus propios zapatos:

- Sí… Son muy lindas sus canciones, ¡me gustan mucho!

- Ya veo… Es curioso que a alguien de tu edad le atraiga la melodía de un piano –se la quedó mirando pensativa-. Oye, Kazuha, si te apetece puedes venir en todos los recreos que quieras para escucharme tocar, así no tendrás que hacerlo a escondidas, ¿qué te parece?

            Ella abrió los ojos de par en par y luego afirmó con energía, mientras la ilusión se apoderaba de su sonrisa.

            Con el tiempo, Kazuha comenzó a faltar mucho a los descansos, algo que, lo que era a Heiji, no le hacía demasiada gracia. De alguna u otra manera, la profesora Mitsuya le estaba quitando a su amiga, y aquello no podía evitar ponerlo de mal humor. Sin embargo, cuando veía a la niña volver tan feliz a la siguiente clase, se le pasaba el enfado. De esta manera, Heiji fue testigo de cómo la afición de Kazuha por el piano se iba incrementando con el paso de los días.

- Mitsuya-san.

            La mujer miró a la niña, que se había puesto de pie en medio de uno de sus ya particulares “conciertos privados” en los recreos.

- Dime.

- Yo… -la pequeña la enfrentó con seguridad- ¡Yo quiero aprender a tocar tan bien como usted, señorita!

            Reiko la contempló sorprendida y luego sonrió. No pudo retener una inesperada lágrima, la cual se secó emocionada.

- Es la mejor noticia que jamás me han dado, Kazuha-chan… -murmuró, sin saber cómo albergar tanta alegría- La mejor.

            Fue así como alumna y docente comenzaron a verse más aún, pero a partir de entonces por las tardes, cuando Reiko le enseñaba a tocar en su propia casa. Era en aquellas horas cuando Kazuha sentía unas ganas tremendas de aprender y de devorar conocimientos para conseguir tocar bien aquel piano, el cual parecía invitarla a pasar al salón del hogar de la mujer cada vez que iba a sus clases particulares. Quizás fuese por eso que, a medida que la chica fue creciendo, el vínculo entre ella y la profesora se estrechó, consolidándose así una amistad que parecía materializarse cuando ambas tocaban juntas.

- ¡Heiji!

            El muchacho, sorprendido por la llamada, se giró en medio del pasillo del instituto y esperó a que Kazuha llegase hasta él.

- ¿Qué quieres? Tengo que ir a los entrenamientos de kendo…

- Lo sé, lo sé, pero es que se me había olvidado de decírtelo antes –de pronto sacó dos entradas de su cartela escolar-. ¿Quieres venir conmigo al concierto de Reiko esta noche?

- ¿Te refieres a la señorita Mitsuya?

- Deja de llamarla así, ya sabes que está casada.

- Gomen, la costumbre –se disculpó él. Pese a que Reiko había dejado de darles clases de música desde hacía ya muchos años, él continuaba llamándola de aquella manera sin darse cuenta-. Vaya, ¿va a dar un concierto?

- Sí, en realidad es el tercero que da, yo no había podido ir a ninguno aún por culpa de los exámenes que hemos tenido estas semanas. Me ha regalado dos entradas, y quería saber si querías venir conmigo.

- Claro, porqué no –sonrió él, mientras comenzaban a caminar en dirección al gimnasio-, hace tiempo que no la veo. Me imagino que debe de estar muy contenta.

- ¡Muchísimo! Dar conciertos de piano es lo que siempre había soñado, y más aún cuando los temas los ha compuesto ella. Además, he escuchado a mucha gente hablar muy satisfecha de ellos, parece que poco a poco está cosechando éxito.

- ¡Eso es genial! Estoy deseando escucharla tocar.

            Sin embargo, aquella noche el concierto sería cancelado minutos antes de tener que dar comienzo, debido a la siniestra desaparición de la artista horas atrás.

- Su marido, el señor Funaki, fue él último que la vio, cuando ella salió de su casa para dirigirse a aquí, donde pretendía ensayar antes de la actuación –explicó el inspector Otaki al joven detective y su amiga-. Varias patrullas están buscándola por el recorrido de su domicilio al auditorio, y precisamente ahora íbamos a comenzar a buscar dentro de él.

            Ante lo extraño de la desaparición, los espectadores que habían pagado por aquel concierto ni si quiera habían podido entrar al edificio, que en aquellos momentos era inspeccionado por la policía. Kazuha y Heiji también colaboraron en la búsqueda por separado, revisando desde la taquilla hasta los vestuarios del auditorio. Había sido así como el muchacho, ante todo aquel misterio, había dado con el trágico final de aquella desaparición en medio del solitario escenario, hallando el cuerpo descuartizado de la mujer dentro de su propio piano de cola.

            Segundos después, el desgarrador grito de Kazuha había dado comienzo a la investigación en busca de su asesino.

            Realmente, aquel no se trató de un caso demasiado complicado, o quizás la propia rabia de Heiji había agilizado la resolución. En una noche averiguó que el autor de aquella atrocidad había sido el propio esposo de Reiko, que la había matado en su casa y luego escondido su cadáver en el instrumento que la propia víctima pretendía tocar en aquel concierto. La razón: las constantes discusiones entre su mujer y él, que lo había llevado a acabar con su vida. Posiblemente, el triunfo cosechado por ella en aquellas últimas semanas, y las numerosas ofertas de trabajo que se le habían propuesto en el extranjero habrían desencaminado en la última y definitiva disputa, que había acabado en sangre. Al parecer, el señor Funaki no había estado demasiado conforme con el éxito de Reiko, y aquello unido a su crisis matrimonial había conseguido únicamente que el odio y la envidia se adueñasen del hombre.

            De alguna manera, el alma de Heiji quedó un poco más tranquila al haber conseguido que el asesino de su antigua profesora fuese descubierto, y por tanto detenido. Era un mínimo consuelo, y al menos de aquella manera la muerte de la señorita Mitsuya no quedaría impune. Sin embargo, aquello no fue suficiente para Kazuha.

            Aquella experiencia, y la pérdida de su amiga e incluso ídolo la habían afectado mucho, demasiado. Comenzó a perder el apetito, y durante bastante tiempo fue otra persona. Solía tener pesadillas que le recordaban el sangriento contenido del piano del auditorio, y fue incapaz de volver a comer carne en varias semanas. Tuvieron que pasar muchos meses hasta que Heiji la volviera a ver sonreír, aunque tan solo fuera un poco.

            Sí, la muerte de Reiko Mitsuya había dejado en la chica duras secuelas, pero había traído consigo una consecuencia más, para Heiji quizá la peor de todas:

            Kazuha temió volver a tocar un piano.

            No fue algo de lo que el joven se diese cuenta enseguida, en realidad recayó en aquello casi por casualidad, cuando había ido a la casa de su amiga para estudiar juntos, casi un año después. Aquel día ella lo había invitado a entrar y dejado solo en el salón para irse a preparar un poco de té. Fue entonces, cuando él la esperaba sentado en el sofá, cuando recayó en algo que le llamó la atención: el piano en el que Kazuha había practicado todos aquellos años, aquel que su propia familia le había regalado cuando había cumplido nueve años, estaba tapado con una gran sábana blanca. No pudo aguantar las ganas de levantarse y destaparlo. Realmente era un piano precioso, vertical y pegado a la pared, de caoba brillante y bien cuidada. Se sentó en la butaca que había ante él y, sin pensárselo demasiado, comenzó a tocar la única canción que conocía: el cumpleaños feliz.

            No sonaba muy bien, por lo que supuso que el piano llevaría tiempo sin ser utilizado y se habría desafinado, pero al menos, y pese a lo lento y las notas equivocadas que se le escapaban de vez en cuando a Heiji, se reconocía cuál era la canción.

- ¿Qué se supone que estás haciendo?

            La torpe melodía fue interrumpida y el muchacho se giró sobresaltado. Allí estaba Kazuha, mirándolo enfadada con la bandeja en la mano.

- Ah, yo… esto…

- ¡Deja de tocarlo, nadie te ha dado permiso! –le gritó.

            Heiji parpadeó estupefacto y ella dejó la bandeja sobre la mesa. Caminó hasta él y cerró violentamente la tapa que protegía el teclado del piano, estando a un segundo de pillarle los dedos al chico.

- ¡O-oye…!

- ¡¿Quién te mandó a tocarlo?!

- Na-nadie, solo lo vi y pensé en…

- ¡Piensas demasiado, Hattori!

- ¡Bueno, ya está bien! –se hartó él, poniéndose en pie para enfrentarla- ¡Ni que hubiera matado alguien!

            Fue entonces cuando un terrible silencio los rodeó, un silencio tan sólido y pesado que por un momento a ambos les costó respirar. Para cuando Heiji se había dado cuenta de lo que había dicho, ya era demasiado tarde…

- Yo... lo siento mucho, no quería…

- Déjalo.

- Pero…

- Cállate.

            El joven torció la boca, disgustado y enojado consigo mismo. Quizá había metido la pata, pero también, visto de otra manera, había dado con la oportunidad perfecta para hablar del tema.

- Te has enfadado tanto porque lo temes, ¿verdad? –se atrevió a preguntar.

            Ella no dijo nada.

- Temes al piano, ¿cierto?

            No recibió contestación, aunque la respuesta ya la sabía.

- Kazuha, no es justo. No es justo esto que le estás haciendo a la señorita Mitsuya –ella miró para otro lado y apretó la mandíbula. Había sido como si al escuchar aquel nombre el corazón se le hubiera retorcido dentro del pecho-. Estás olvidando aquello que ella más quería en el mundo, todo lo que ella te enseñó durante tantos años –hizo una pausa, permitiéndole a ella hablar, pero su amiga pareció rechazar aquella oportunidad-. No es justo, Kazuha, ella no habría querido eso.

- Lo… lo sé… -murmuró con un hilo de voz- Sé que estaría muy triste… Y… y yo no quiero que lo esté…

            Heiji la observó atentamente unos instantes, pensativo. Después la agarró del brazo y tiró de ella hacia la butaca, donde la hizo sentar.

- ¡He-Heiji!...

- No voy a permitir que la señorita Mitsuya y tú sufran más.

            Se colocó a su lado y abrió la tapa del piano.

- Por favor, quiero escuchar una canción tocada por ti –le pidió.

- ¿Cómo?

- Hazlo, por favor.

            Ella deslizó su mirada asustada sobre las teclas del instrumento. Sentía un desagradable sabor metálico en la boca, y el rápido palpitar de su corazón en los oídos. De pronto volvía aquella desagradable imagen de hacía un año a su cabeza…

- N-no puedo…

- Sí que puedes.

            Lentamente movió la mano y la acercó al teclado, temerosa. Finalmente se atrevió a pulsar y del instrumento surgió un sonido agudo.

            De pronto empezó a temblar mucho, y se vio incapaz de continuar. Sin embargo, algo la ayudó: Heiji le había cogido la mano, deteniendo así su estremecimiento. Lo miró.

            Él la sonreía. Y aquello la llenó de fuerza.

            Poco a poco, sus dedos comenzaron a moverse nuevamente. Al principio de manera lánguida, pero fueron recuperando la energía a medida que las notas se iban continuando.

            Heiji volvió a soltarla y la contempló en silencio, mientras las lágrimas de Kazuha acompañaban la triste melodía del piano, que parecía cantar el dolor de la propia muchacha.

            Aquella tarde, Reiko Mitsuya y su alumna volvían a tocar juntas.

 


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*10#. Pulpo (Takoyaki)


Parecía el día perfecto para atreverse al fin, y curiosamente, en aquél mismo, se les era perdonados los sonrojes de sus mejillas y las palabras entrecortadas.

- Ha-Hattori-kun…

            Él la contempló en silencio y esperó hasta que la muchacha reunió todo el valor que pudo.

- Yo… -al fin levantó la cabeza para mirarlo a los ojos y enfrentarlo como se merecía- ¡yo te quiero, te quiero mucho!

            Un silencio los envolvió, aislándolos del resto del mundo y del ambiente escolar de aquel descanso entre clase y clase que para ambos significaba algo más que eso.

- Desde primaria me gustabas –comenzó a confesarse la chica-, y desde entonces no he dejado de pensar en ti, por eso… por eso…

            Heiji torció la boca comprometido, esperándose sus siguientes palabras:

- ¡Por eso quisiera que saliéramos juntos, Hattori-kun!

            “Ay madre…” se lamentó él, consciente de lo que se le venía encima. De repente, la joven extendió los brazos, dándole así una pequeña cajita azul con un bonito lazo rosa.

- Por favor, ten estos chocolates –le pidió, tan colorada que el estudiante temió que se desmayase allí mismo-, espero que los disfrutes mucho.

            Heiji la cogió, como ella deseaba, pero su respuesta no fue tanto de su agrado:

- Akemi, mira, me duele tener que decirte esto, porque me caes muy bien y nos conocemos desde hace bastante tiempo, pero… -suspiró lamentado- Tú a mi no me gustas.

            La muchacha bajó la cabeza entristecida, consiguiendo así que Heiji mascara un desagradable sentimiento de culpabilidad. Aquella expresión únicamente conseguía hacer de Akemi una chica mucho más dulce y misteriosa, que incitaba más a aproximarse a ella que a marcar distancias como él pretendía. Prefirió mirar hacia otro lugar que no fueran sus brillantes ojos negros y su melena azabache, que se dejaba caer sobre sus hombros hasta aquella zona especialmente prohibida y sugerente.

- Es por ella, ¿verdad? –escuchó que le decía.

- ¿Quién?

- Kazuha-chan, es por ella que no quieres salir conmigo, ¿cierto?

            Heiji palideció tan de golpe que cualquiera hubiera dicho que había sufrido una bajada de tensión.

- ¿Nani? ¡De dónde sacas eso!

- ¡Venga ya, todo el mundo sabe que estás prendado de ella desde primaria! –le contestó Akemi, cruzándose de brazos.

- ¡Eso es mentira, Kazuha no me ha gustado nunca! –aclaró él ofuscado.

- ¿En serio? –lo miró con malicia y se acercó a su cara- Pues si es así, no aceptes hoy el chocolate que ella te regale y cómete los míos.

- ¿Qué? ¿Quieres que los rechace? ¡No puedo hacer eso, se sentiría fatal!

- Pues entonces es que Kazuha-chan te importa más de lo que pensabas –concluyó Akemi sonriendo. Y a continuación se dio media vuelta y lo dejó solo, llevándose consigo su orgullo.

- Retorcida… -masculló Heiji, viéndola alejarse contoneando sus caderas. Definitivamente, el día de San Valentín le había afectado a la cabeza…

            No fue ni mucho menos el último encontronazo de aquella mañana, en la que en tan solo dos horas y media ya le habían regalado siete chicas sus respectivos chocolates y otras dos le habían confesado su amor. La verdad, jamás lo confesaría, pero hacía años aquello lo divertía y alimentaba mucho su ego (que no era ya de por sí poco). Además, ser de los chicos más adorados lo volvía en la envidia de muchos, y eso le encantaba… Sin embargo, desde el anterior San Valentín aquello lo incomodaba cada vez más, ver a sus pretendientas rechazadas irse llorando le hacía pasar muy malos ratos y sus compañeros de clase habían recurrido a vengarse con miradas que lo atravesaban como cuchillas. Eso sin contar con el compromiso de tener que devolverles el gesto con un regalo a todas esas chicas el White Day, un mes después… Total, que aquel día ya no era tan dulce como él deseaba.

            “No aceptes hoy los chocolates de ella…” recordó decir a Akemi. Ella era Kazuha. Y ella, curiosamente, había conseguido llamar su atención aquella mañana…

- Toma,  Basho, esto es para ti.

            El muchacho la observó desde el asiento de su pupitre y se levantó enseguida.

- ¿E-en serio? –preguntó ilusionado, recogiendo la caja verde que ella le tendía.

- Sí, ojala te gusten –le sonrió la estudiante, y a continuación se sentó en su lugar para comenzar la clase, justo al lado de Heiji.

- Dime que tengo miopía repentina: ¿acabo de ver como le has dado chocolate a Basho? –quiso certificarse.

- Sí, es normal hoy, ¿nee?

- ¿A BASHO?

- ¿Ocurre algo malo con él? –deseó saber ella con aquella mirada peligrosa.

- Nada, sólo que es el tipo más tímido y retraído de toda la clase, y que nunca nadie se había fijado en él…

- No entiendo cómo puedes apreciar así a las personas y quedarte tan pancho…

- ¡Pero Kazuha, sabes que tengo razón!

- Bueno, ¿y a ti qué? Él es un buen compañero y muchas veces me ha ayudado con la tarea. Además, a ti eso no debería importarte: vas a hartarte de chocolates todo lo que te de la gana.

            Y no volvió a abrir la boca en todo lo que quedó de Historia. Aquello lo puso histérico, y más aún cuando Kazuha, dos clases después, también le había repartido chocolates al imbécil de Dayu (no lo soportaba desde primaria, cuando se había comenzado a meter con su tez morena. Sus burlas acabaron cuando un día a Heiji, después de un partido en el que su equipo había perdido, le había preguntado cuántas horas al día pasaba en la playa. Acabó con un ojo hinchado) y al empollón de Kyuso (que no tenía nada contra él, hasta que un año antes se había atrevido a pedirle a Kazuha de ir al cine con él). En definitiva: que no solo cargó con más de veinte cajas de chocolate, sino que también con una mala leche que llevó consigo hasta su casa.

            Ya en su habitación se dio cuenta de la terrible realidad: jamás lograría acabar con todos aquellos obsequios, además, no le apetecía comerse ninguno, y no porque no le gustasen, tenía claras sus razones.

- Maldita sea, ¿qué hago con todos ellos? –se preguntó en su habitación, contemplando la montaña de cajitas coloridas que reposaban sobre su cama.

            Se rascó la cabeza, recordando las palabras de Akemi horas antes. Que no aceptara los chocolates de Kazuha… No le había hecho falta, lo cual le había salvado de otro momento comprometido, pero también recargado su mal humor.

            Finalmente acabó por bajar a la cocina y rebuscar entre la despensa alguna caja más grande. Cerciorándose de la ausencia de su madre, sacó todos los chocolates que le habían regalado de sus envoltorios y los metió en ella. Sin embargo, sus padres iban a recaer en el origen de aquellos dulces…

- Mierda, ¿por qué los harán todos con forma de corazón? –se lamentó, y comenzó a partirlos en pedazos para que perdieran su forma y no llamaran tanto la atención.

- Hei-kun –oyó que lo llamaban, quedándose él paralizado.

- ¿S-sí?

- Kazuha-chan acaba de llamarte por teléfono –le comunicó su madre, llegando hacia la cocina-. Me pidió que te dijera que por favor que vinieras al parque dentro de una hora.

- ¿De verdad? –preguntó poniéndose de espalda a las cajas multicolores que estaban sobre la mesa para taparlas.

- Sí, por su voz la noté nerviosa, ¿pudiera ser que le ocurriera algo?

- Ah, p-pues no sé…

            De repente, la mujer se le quedó mirando fijamente y con desconfianza.

- Heiji Hattori, ¿qué estás escondiendo detrás tuya? –interrogó.

 

 

            Por una vez en su vida, Heiji fue puntual en una cita, algo que dejó anonadada a Kazuha, quien llegó apenas un minuto antes que él y lo esperaba en uno de los columpios.

- ¿No eres un poco mayor para remarte ahí? –la molestó en cuanto la vio allí, consiguiendo que ella diera un respingón.

            Caminó hacia los remos con las manos refugiadas en los bolsillos y no dudó en sentarse en el columpio restante que había a su lado.

- Dime, ¿te pasa algo malo? –le preguntó preocupado- Es que me extraña que me hayas llamado tan repentinamente.

            Ella esquivó su mirada avergonzada, sin responder. Parecía que ocultaba algo, algo que estaba pensando muy seriamente en decir o no…

- ¿Kazuha?...

- ¡Toma! –exclamó ella de pronto, dejándole ante la nariz algo envuelto en un paño de cocina.

            Heiji miró extrañado la inesperada entrega y la cogió para desenvolverla. Arqueó una ceja cuando descubrió que era una fiambrera.

- No recuerdo haberte dejado ninguna –comentó señalándola.

- Bobo, es mía –aclaró ella agachando la cabeza-, ábrela de una vez.

            El chico obedeció y lo golpeó un agradable olor que lo dejó encantado e incluso le quitó de encima los restos de mal día que había cargado.

- Esto son… ¡bolitas de pulpo! –descubrió entusiasta.

- Sí, sé que es tu comida favorita y lo intenté hacer para hoy. Lo malo es que únicamente no se me quemaron a la tercera, se me da mal la cocina… –explicó Kazuha, abochornada.

- Vaya, muchas gracias, aunque eso último no es nada nuevo…

- ¡Idiota! –lo insultó, y se cruzó de brazos ofendida.

            Heiji aún así sonrió alagado y luego miró la fiambrera. Sacó de ésta dos palillos y le dio uno a la muchacha, dejándola sorprendida.

- No quiero comérmelos yo solo –le confesó.

            Ella se sonrojó aún más. Asintió y cogió el palillo para ambos comenzar a saborear las pequeñas bolitas.

- A esto le falta algo… -murmuró el joven, mientras las degustaba.

- ¿Salsa de soja? –dijo ella sacando de otra bolsa un bote.

- ¡Estás en todo!

- ¿Te están gustando?

- ¡Mucho! Además, de momento no nos hemos intoxicado…–se alegró Heiji, echando la salsa.

- Graciosillo… -lo miró atenta unos segundos- Vaya, no paras de comer, pensaba que con los chocolates te quedarías sin hambre.

- No, que va, no me los comí –contestó distraído mientras tragaba y volvía a meterse en la boca otra bolita-. Yo creo que tiene sentido comerse esos regalos cuando la chica realmente te gusta, si no, no.

            Entonces, cuando Kazuha pensaba que era incapaz de ponerse aún más colorada, descubrió que aquella era una hipótesis incierta.

- P-pues mi regalo te… te lo estás comiendo -se aventuró a decirle examinando sus propios zapatos.

            Heiji se atragantó y comenzó a toser, y el ataque no le abandonó hasta que ella le ayudó dándole palmadas en la espalda.

- ¡Tonta, yo… yo…! -intentó buscar una excusa a aquello, pero le costó tanto que su respuesta quedó torpemente coja e incoherente- ¡Bueno, me los estoy comiendo porque mi familia me ha enseñado a no rechazar los regalos!

            Y recayendo en la tremenda estupidez que acababa de largar, disimuló como pudo llenándose la boca de las bolitas de pulpo, mientras intentaba ignorar la confundida mirada de Kazuha.

            Seguramente ni un pulpo habría sido tan torpe…

 

 

8#. Religión

  • Nov. 14th, 2007 at 5:53 PM
kyo peke


            Nunca
había visto llorar a Shinichi Kudo, ni si quiera el día en el que le comunicaron la trágica noticia. Aquella mañana, como en cualquier otra, había saludado al resto de compañeros de la Central de Policía, portando en sus manos aquella carpeta de cuero impregnada del aroma a café que todas las mañanas le preparaba su esposa, y que, como siempre, a causa de la torpeza del detective, acababa goteando sobre sus informes en el desayuno. Llevaba consigo, además, el rastro de un beso fugaz en el cuello, haciéndose presente con el carmín con el que se maquillaba Ran antes de salir a trabajar. Y, como era también usual, le dedicaba una sonrisa cargada de energía y ganas de trabajar a su gran amigo Heiji Hatttori.

            Pero aquel día solamente se convirtió en el verdugo, en el encargado de transmitir el desagradable acontecimiento.

- ¿Ocurre algo Hattori?... –había preguntado temeroso el uniformado Kudo.

            Heiji se había limitado a huir, a huir de aquella mirada brillante que acompañaba a Shinichi desde hacían seis años, cuando había proclamado decidido un “Sí quiero”.

- Kudo, lamento ser yo quien tenga que comunicarte esto, pero… Ran…

            La carpeta de cuero se precipitó contra el suelo, y los informes se liberaron de esta, plagando el suelo de casos y datos.

            Ni si quiera el día del entierro, Shinichi Kudo consiguió llorar, no porque él no quisiera, realmente lo deseaba. Pero algo que respiraba no lo dejaba. En cuestión de segundos, su mejor amigo se había visto obligado a agarrar su apacible y agradable día a día, que tantos años le había costado conseguir, para estrangularlo entre sus dedos. Y aquello era algo con lo que Heiji había debido cargar después de aquella mañana, tan solo por haber sido el primer informado del mortal accidente.

            Pudiera ser quizás por eso, por aquella carga de conciencia que le oprimía el pecho cada vez que se encontraba con él, por lo que Hattori decidió visitar también la tumba de Ran Kudo un año después de su muerte. Sin embargo, ni si quiera se atrevió a acercase a esta, porque ante ella ya yacía un visitante mucho más importante que él mismo.

- Kudo… -murmuró al hallarlo desde la distancia, deteniéndose en seco.

            Shinichi se encontraba arrodillado ante la lápida, y pese a que no lograba verle la cara, supo que rezaba en silencio. Acompañó el resto de ramos de flores que ya otros familiares le habían traído a la difunta con uno de olorosos nardos, aquellos que tanto le habían gustado en vida, y continuó con la mirada fija sobre la tumba, releyendo nuevamente el nombre del mármol como si, de hacerlo muchas veces, lograse eliminarlo y resucitarla. Sí… Era la estampa más triste que había tenido la desafortuna  de contemplar.

- Continúas viniendo a visitarla todos los días, ¿verdad?

            Shinichi se volvió para mirar a su amigo.

- Así es… Y por lo que veo tú tampoco te has olvidado de ella, también has venido hoy –contestó agradecido.

            Heiji esquivó su mirada, porque en parte, de ser por él, no pisaría jamás aquel lugar.

- Así únicamente consigues enfermar tu alma, Kudo –se atrevió a confesarle-. Acudes todos los días hasta aquí, para rezarle a un dios del que ni si quiera puedes probar su existencia que cuide de Ran. Y precisamente rezas a ese dios que te la quitó.

            Shinichi parpadeó sorprendido. Luego sonrió tristemente y sacó un pañuelo para comenzar a limpiar la lápida.

- Dime, Hattori, ¿tú qué respiras?

- ¿Cómo? –la cuestión lo confundió por unos instantes- ¿A qué viene eso? Aire, por supuesto.

- No lo ves, pero sabes que lo necesitas para respirar. ¿Y si de repente ese aire desapareciera? ¿Qué te ocurriría?

            Heiji torció la boca. Nunca conseguía entender a dónde llevaban las preguntas de Shinichi, pero no por ello dejó de contestarle lo más obvio.

- Moriría, claro está.

            El hombre guardó su pañuelo y se levantó.

- Pues Ran es ese aire, y si no lo respiro mi alma muere. Ella es mi único dios.

            Y a continuación lo pasó de largo y se alejó del perplejo Hattori, que fue incapaz de contradecir aquella afirmación tan invisible, pero a la vez tan sólida como el granito.

            Aquellas palabras continuaron golpeando las paredes de su cráneo hasta muchas horas después, cuando ya se encontraba en el sofá de su apartamento. Tan trastocado lo tenían que ni si quiera le prestó atención a la voz de su mujer.

- Heiji, ¿me estás haciendo caso? –lo miró decepcionada, por lo visto lo que le había estado contando era algo importante para ella…

- ¿Eh? ¿Qué?

            Ella dejó escapar un suspiro y a un lado las agujas que sostenía.

- Te preguntaba que si te gusta como están quedando los patucos para el bebé –repitió, enseñándole los zapatitos de color manzana-. Bueno, creo que voy a tener que deshacerlos, porque me he equivocado en un par de puntos y… -volvió a mirarle, esta vez con preocupación-. Heiji, estás muy extraño… ¿te encuentras mal?

            Sin proponérselo, veía en Kazuha a aquella Ran que respiraba el deprimido Kudo. No podía dejar de pensar en que él también era una persona normal y corriente, desvalida ante el destino, y que ella no era inmortal. Que también podía irse de su lado, y convertirse en su dios.

            Sin responder a la pregunta posó una mano sobre la tripa de ella y se acercó a su rostro, a la vez que le susurraba:

- Kazuha, prométeme que nunca te convertirás en aire…

            La besó con dulzura, una dulzura que a ella consiguió ponerle la piel de gallina, porque parecía un ruego materializado, mientras él deslizaba la otra mano por su hombro y dejaba caer la tira de su camisón.

-… y que jamás profesaré tu religión.




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En fin, sé que la muerte de Ran es algo de lo que se suele leer, sin embargo necesitaba escribir sobre ello para llegar a la reflexión. Siempre me he preguntado si Heiji creería en algo más allá de lo visible, un dios, y la verdad es que siempre he creído que no, que sería el tipo más ateo del mundo xD Pero también supongo que un dios no es algo que siempre nos dicta una religión, también puede ser alguien que nos dictemos nosotros mismos...

Tambíén la figura de Shinichi ha tenido su importancia en este shot, y me da pena, porque para una vez que lo incluyo el pobre es el más sufridor xD Procuraré que no vuelva a pasar n.nU

7#. Celos

  • Nov. 14th, 2007 at 5:47 PM
watanuki

    

De la noche a la mañana a Kazuha se le comenzó a llenar la boca cada vez que dejaba escapar aquel nombre: Yuky

- Yuky me acompaña a todas partes, tengo muchas ganas de que lo conozcan.

            O le brillaba la mirada cuando le preguntaban sobre él:

- Pues le encanta la lasaña, pero únicamente se la come cuando está conmigo. Qué curioso, ¿verdad?

            O, simplemente, sus mejillas se sonrojaban, mostrando así la vergüenza que la atacaba al recordarle:

- Me da miedo pasear por el parque cuando se acerca la noche, pero me quedo mucho más tranquila cuando él me acompaña. Sé que me protege en todo momento y que no se despegará de mi lado…

            Y lo peor de todo era que él no era el único que lo notaba, lo cual volvía de plomo la evidencia:

- Ey, Hattori, ¿tú conoces a ese tal Yuky? –lo entrevistaban sus compañeros de clase, cuando estaban seguros de que Toyama estaba demasiado ocupada hablando con sus amigas del misterioso desconocido como para prestarles atención.

            Era entonces cuando el joven torcía la boca disgustado y erguía la cabeza con orgullo, como para alejarse de aquel olor a malestar que le trincaba la barriga cada vez que escuchaba hablar sobre el tan nombrado Yuky.

- Ni lo conozco ni quiero conocerlo. Además, si Kazuha habla tanto de él es que no debe de ser tan interesante: ella siempre tenido mal gusto.

            Y luego los demás muchachos lo veían salir del instituto con la maleta al hombro, haciéndose el loco cuando Kazuha le hacía señas para despedirse de él. Sin embargo, su plan para evitar a la chica únicamente cosechó éxito hasta tres días después de empezar aquella angustiosa incomodidad.

- Oye, Heiji.

            La llamada había sonado tan cerca de su espalda que fue incapaz de ignorarla. Con el ceño fruncido se giró. En aquellos momentos todo, todo lo que tuviese que ver con ella lo ponía de mal humor. Su sonrisa. Sus reproches para que le devolviese algún que otro libro. Su manera de andar. Su lazo conjuntado. Aquella cintura que, repentinamente, le llamaba más la atención. Sus “idiotas”, “buenos días”, “¿vas a entrenar hoy?”.

            Su felicidad.

            Todo. Absolutamente todo.

            Y tras todo aquello, Yuky adquiría un segundo plano, y parecía refugiarse tras un velo del mismo color que la mirada de Kazuha.

- ¿Sí? –simplificó su, deseó, corta conversación.

- ¿Te ocurre algo estos días? Estás muy extraño… ¿Va algún caso mal? –preguntó ella, preocupada y dando un paso hacia él.

            Maldita sea… Hasta el olor a zumo derramado en el desayuno que desprendía su uniforme lo molestaba tremendamente.

- No, el último lo resolví hace una semana.

- Vaya, entonces no es por eso…

- No.

            No. No. Y no. No era por eso. Era por algo mucho peor que un caso, era por un sentimiento tan complicado que ni él mismo conseguía clasificarlo. ¿Y él se hacía llamar detective?

- Disculpa, ahora mismo iba a entrenar, así que…

- ¡Espera! –le pidió Kazuha, un segundo después de él darse la vuelta con la idea de alejarse de ella.

- ¿Y ahora qué quieres?

- ¿Después del entrenamiento tienes algo que hacer?

            Heiji la miró sorprendido unos instantes, mientras su silencio era acompañado por los pasos apresurados de los estudiantes que los rodeaban, deseosos de volver a sus casas y disfrutar del fin de semana.

- No, ¿por qué? –preguntó extrañado.

            Automáticamente los labios de ella se curvaron, dejando así al descubierto sus dientes.

- Quería presentarte a Yuky, es injusto que todas mis amigas lo conozcan y tú no –dijo ilusionada.

            ¿Presentarle a quién?

- ¿Qué te parece? –escuchó añadir a la voz de la joven, que parecía retumbar desde un lugar lejano.

            ¿A Yuky? ¿Había escuchado bien?

- ¿Heiji? ¿Me estás haciendo caso?

- Ah… sí.

- ¿Y? ¿Te parece si lo llevo a tu casa?

            La boca del muchacho se movió sola y contestó con un tono sospechoso.

- De acuerdo.

            Lo correspondió otra sonrisa y algo que descifró entre toda su confusión como un “¡Entonces nos vemos esta noche!”. Sólo cuando vio alejarse a aquella inquieta cola de caballo consiguió entrar en sí.

- ¿¡Nani!? ¿Le he dicho que sí? –exclamó sin poder creer lo que acababa de hacer.

            Sin embargo, y pese a que tuvo el resto de la tarde para reflexionarlo, no recayó  en que a veces nuestros deseos circulan a contracorriente de nuestros pensamiento. También obvió el hecho de que somos personas, compuestas por partes irracionales que se ven sorprendidas por impredecibles impulsos. Y que, en aquellos días, uno de ellos se había adueñado de él mismo.

- ¿Celos?

- Sí, ¿no será eso quizás?

            A Heiji le faltó poco para mandar a la mierda al gran reconocido Shinichi Kudo, atrapado por aquel entonces en el cuerpo de un niño gafotas.

- Está claro que fue mala idea preguntarte a ti… -se lamentó por teléfono, mientras se masajeaba las sienes.

- ¿Simplemente porque no te gusta escuchar la verdad?

- No –respondió alzando la voz-, simplemente porque no haces más que decir cosas sin sentido, ¡imbécil!

            Y seguidamente había colgado el auricular de un golpe. Si había algo que odiaba era que Shinichi Kudo le hablase con aquella seguridad, y si había algo que aún le repateaba más era que se lo dijese con la voz de un niño. Era la combinación perfecta para irritarlo, pero aún podía añadirse algo más…

            ¿Por qué? ¿Por qué le había dicho que sí a Kazuha? No soportaba escuchar hablar de Yuky, aunque una parte de él, quizás la misma que se había tomado la libertad para obviar sus pensamientos y responder en aquel momento, deseaba conocerlo y alejarlo de su amiga. No iba a permitir que cualquier tío se acercase a Kazuha, y tenía claro que debía velar por la seguridad de la chica… O por lo menos pensaba eso cuando no la veía practicando natación en el instituto.

            El timbre de la puerta lo alejó de aquellas meditaciones. Miró por la ventana y vio que había comenzado a anochecer: seguramente debía de ser Kazuha, acompañada por su apreciado Yuky…

            Con una mezcla de desgana y de excesiva energía al abrir la puerta descubrió a la muchacha, sonriendo ante él.

- Vaya, por una vez no llegas tarde a una cita –la recibió decidido a incordiarla.

- ¡Eres tú el que siempre llega tarde! –le recriminó ella, borrándosele así de la cara cualquier asomo de simpatía.

- Vale va, da igual… -le quitó importancia él. Se asomó un poco más y miró a su alrededor- Un momento, ¿no te iba a acompañar Yuky?

- Y me está acompañando –dijo ella mirando hacia el suelo.

            Heiji abrió los ojos de par en par y miró asombrado al pequeño acompañante de su amiga: un pequeño Yorkshire Terrier, de largo pelo de color acero oscuro e intenso fuego leonado. Movía felizmente la cola y decoraba su cuello un lazo azul como el de Kazuha.

- ¿Qué se supone que es eso? –preguntó señalando al animal.

- ¡Es Yuky! –desveló ella, cogiendo en brazos al perrito.

- ¿Esa mopa con patas?

- ¡Cuidado con cómo lo tratas, Heiji Hattori! –advirtió la muchacha, amenazante.

- ¿Es este el Yuky del que tanto hablas estos días? –acercó su cara a la del perro y le dedicó una mirada de superioridad que hasta al observado le molestó- Pues no es para tanto, mujer…

            Yuky respondió con un irritado ladrido que hizo retroceder al valiente detective de Osaka.

- Para mí significa mucho, mi abuelo me lo regaló esta semana y le estoy cogiendo mucho cariño, ¿verdad que sí mi lindo Yuky? –lo abrazó tiernamente y acurrucó como a un bebé. Enseguida su dulce tono de voz desapareció, cambiando tan rotundamente su actitud que hasta descolocó al muchacho:- ¡Así que deja ya de meterte con él!

            Heiji miró al animal y a su dueña y analizó para sus adentros sus expresiones malhumoradas. “Pues sí, sí que es verdad eso de que los perros se parecen a sus dueños…”.

- En fin, te tengo que pedir un favor –suspiró ella. Estiró los brazos, acercando así a su amigo su apreciada mascota-: he de ir a la biblioteca a buscar unos libros, pero además esta es la hora de pasear a Yuky. Pero como no está permitido entrar animales allí…

            “Obvio niña, ¿en qué mundo vives?”, pensó Heiji.

- ¿Y? ¿No me irás a pedir que vaya a buscarte los libros, nee? –inquirió él.

- ¡Claro que no! Te equivocarías en todos…

- ¡Idiota, así no ganas puntos para que te ayude!

- Vale, vale, gomen –se disculpó- ¿Podrías pasear a Yuky, por favor? –rogó bajando la cabeza.   

            Él miró escéptico la carita del cachorro y mostró una desagradable mueca.

- ¿Me lo estás pidiendo en serio? Ya sabes odio los perros: solo babean, ladran y siguen  culos ajenos…

- ¡Oh, Heiji, porfiii!... –suplicó, pese a que le habría gustado contestarle algo parecido a que también habían chicos que hacían lo mismo, pero no le convenía.

- Pero es que… -fue incapaz de negarse cuando el cachorro le  lamió la mejilla y ella volvió a atacarlo con aquella mirada de corderito degollado- ¡Está bien, está bien! Cuidaré de tu dichoso perro…

- ¿De verdad? ¡Muchísimas gracias, Heiji! –le tendió a Yuky y se alejó de ellos- Cuando acabe les buscaré en el parque, ¡hasta después!

            Y ambos la vieron alejarse en silencio hasta que desapareció al otro lado de la portada. Luego se miraron sin demasiado entusiasmo.

- Pareces gay con ese lazo en el cuello, Kazuha tiene cada idea… -lo molestó Heiji, a lo que el perro contestó con un mordisco.

 


- Maldita la hora en la que le dije que sí… -refunfuñaba alguien bajo una bufanda a rayas, mientras recorría malhumorado el sendero del parque en compañía de un enérgico perrito.

            Yuky ignoró al que en aquellos momentos actuaba como dueño y tiró de la correa, animándolo a que caminara más rápido.

- Chucho, te estoy paseando gratis, pudiendo estar en mi casa tranquilamente sin necesidad de pasar todo este frío, así que déjate de exigencias –contestó este, sin poder reprimir luego un estornudo.

            Yuky ladró ofendido e insistió, sin recordar que era diminuto en comparación con el chico. Milagrosamente, Heiji pareció hacerle caso y halló a lo lejos la razón de que el animal se empeñase tanto en ir más rápido.

- Vaya, ya entiendo… -murmuró sin sorprenderse, al ver a unas perritas que acompañaban a sus dueñas- Es la tercera vez que en lo que llevamos paseando que te fijas en otras, ¿no eres un poco salido? –Yuky no hizo caso a su comentario y tiró tan fuerte que la correa se partió y salió disparado- ¡Eh, tú, bicho! ¡VUELVE AQUÍ TE DIGO!

            De poco sirvieron las llamadas, así que a Heiji no le quedó otro remedio que correr tras el perro. Sentía como el frío nocturno le golpeaba en la cara, traspasaba su grueso abrigo verde botella y cómo se le congelaba la nariz. Como se pusiera enfermo tan solo un par de semanas antes del campeonato juvenil de Kendo, Kazuha se las iba a pagar… Y aquel condenado animal iba a conocer el significado más extremo de “perrito caliente”.

- Ichi, mira este perrito, ¿no es monísimo?

            Una muchacha de cabello castaño oculto bajo un gorro de lana y dulce sonrisa se agachó y acarició tras la oreja al pequeño recién llegado.

- ¡Maldito chucho, me tienes harto! –escucharon gritar a alguien que se acercaba.

            Un joven moreno y de mirada enfadada se detuvo ante ellas y agarró al perro por el pañuelo rojo que llevaba al cuello, levantándolo al aire de golpe y dejándolo frente a su cara.

- ¡Te voy a convertir en comida para gatos, condenado! –le decía furioso, mientras el sabueso lloriqueaba asustado.

            De repente recayó en la presencia de aquellas dos chicas, miró a Yuky y lo abrazó con entusiasmo:

- Quiero decir, que te debe apetecer perseguir gatos, ¿verdad que sí mi querido Yukytín?

            Ellas sonrieron y se incorporaron rápidamente. Parecían haberse fijado más en el tierno trato de Heiji con su mascota que en los movimientos apurados que hacía este último para liberarse de aquellos brazos asfixiantes de falso amor.

- Vaya, es curioso ver a otros muchachos como tú paseando a perros tan pequeños –se atrevió a decir la del gorro de lana.

- Sí, y más que los traten con tanto cariño, se nota que quieres mucho a tu mascota –añadió su compañera, peinada con trenzas y vestida con una falda y leotardos.

- ¡Oh, sí, Yuky y yo nunca nos separamos! –rió Heiji, acariciándolo- Aunque el amor es mutuo.

            El animal no pareció estar de acuerdo, porque respondió con un intento de morderle que él esquivó como si nada.

- Lasi y Paola también se dejan querer mucho –dijo felizmente una de ellas, refiriéndose a las dos perritas caniches que paseaban. De repente se acercó al rostro del joven para examinarlo más de cerca y se sonrojó- Un momento… ¡Yo te he visto en los periódicos y en la tele, eres el famoso detective Heiji Hattori!

- Oh, ¡me reconociste! –se sorprendió él, sin molestarse en ocultar cómo le gustaba aquella situación.

- ¡Adoro cuando hay noticias sobre tí!

- ¡Sí, y ya veo que no sólo eres muy inteligente, sino que además muy guapo! ¡Qué suerte haberte encontrado aquí!

- Ja, ja, ja, ¿eso creen? –preguntó él alagado, rascándose la mejilla. Hasta Yuky notaba que se lo estaba pasando pipa…

- ¡Oye, tengo una idea! –dijo de repente la chica de las trenzas- ¿Qué tal si paseamos los tres a nuestras mascotas y tú nos vas contando sobre tus casos? ¡Luego podríamos invitarte a tomar algo en nuestra casa, está sólo a dos calles de este parque y…!

- ÉL NO PUEDE IR A NINGÚN SITIO.

            Los tres se giraron al escuchar aquella rotunda afirmación y hallaron a una muchacha, a aquellas horas, aún con el uniforme escolar puesto. Tenía el pelo recogido en una cola de caballo y cargaba un montón de libros amarrados todos por una correa. Al ver su cara dedujeron que no debía de estar muy contenta…

- Ka-Kazuha… -masculló temeroso él.

- ¿Ah… no? –murmuró una de las fans del detective, aún un poco aturdida por la inesperada aparición. Luego le plantó cara a la estudiante- ¿Y por qué no si puede saberse?

            Ella cogió la mano de Heiji y les contestó furiosa:

- ¡Porque éste es mi perro!

            Y un segundo después tiró de él y caminó firme y decidida a abandonar el parque, dejando tras ellos a las dos jóvenes estupefactas.

- O-oye, Kazuha…

            No recibió respuesta, su compañera parecía dispuesta a no dejar de caminar, pese a que también iba cargada con aquellos pesados libros.

- ¿Podrías soltarme?...

            Le continuó contestando el incesante movimiento de aquella coleta, que no dejaba de moverse de un lado para otro.

- … Es que me estás apretando tan fuerte la mano que me estás haciendo daño…

            Milagrosamente, Kazuha pareció escucharlo y lo soltó, pero no se dio la vuelta. Heiji y el perrito la observaron expectantes. Tras un tenso silencio, ella se atrevió a hablar:

- ¿Cómo te atreviste…?

- ¿Eh?

            Ella lo enfrentó y miró directamente a los ojos, mientras la rabia hacía temblar su voz:

- ¡Cómo te atreviste a hacerme esto!

- ¿Ha-hacerte el qué? –preguntó él, totalmente desconcertado.

- ¡Tú lo sabes bien! –le chilló en medio de la calle, apretando los puños.

- ¡Un momento! –él también se enojó- ¡No te entiendo, me pediste que paseara a tu dichoso perro y ahora me…! –de repente se quedó parado- ¿Estás llorando?

            Kazuha se secó las lágrimas con energía y respondió orgullosa:

- ¡Me lloran los ojos por culpa del frío, imbécil! –le arrebató a pequeño Yorkshire Terrier tan rápido que él ni se dio cuenta- ¡Y no vuelvas a utilizar a Yuky para ligar con otras!, ¿entendiste?

- ¡Pero si fue el bicho este el que fue hasta ellas!

- ¡Me da lo mismo! –le dio la espalda y comenzó a andar con su mascota en los brazos.

- ¡Mierda, no hay quién te entienda! ¡Como sigas así no va a haber hombre que te aguante!

            Esperó por culpa de su comentario alguna respuesta, como un insulto o los libros de la biblioteca impactando contra su cara. Sin embargo, sólo alcanzó a ver cómo Kazuha, ante él y sin detenerse, bajaba la cabeza. Se sintió mal por lo que acababa de gritarle, así que se acercó a su amiga, cogió sus libros y los cargó sin ella pedírselo.

- No es verdad lo que acabo de decirte, perdóname –escuchó que se disculpaba el chico- Y si… si quieres mañana podemos pasear juntos a Yuky

            Ella lo contempló sonrojada y luego sonrió ilusionada.

- Me gusta la idea.

- Entonces bien –miró de reojo las piernas de Kazuha, que parecían saludarlo bajo su falda.

- ¡Qué estás mirando! –cuestionó ella escandalizada, agarrándose la prenda.

- Nada… -disimuló él avergonzado, girando la cabeza. Después empezó a correr- ¡Estás muy blanca Kazuha, deberías ir a la playa!

- ¡IDIOTA!

 

27#. Miedo

  • Sep. 20th, 2007 at 10:41 PM

En fin, me ha dado el punto y he decidido saltarme al vicio 27. La verdad es que ahora no sé con cual continuaré... ya se verá ^^U
Este shot se ha convertido en algo especial para mí, quizás porque es muy diferente a los demás que he escrito... Les dejo con "Miedo" y mi pequeña reflexión:


            Cuando el cadáver de Kazuha Toyama fue hallado en aquel granero después de tres días de incesante búsqueda, lo encontraron amoratado, semidesnudo y con evidentes signos de violación. Sin embargo, al detective Heiji Hattori le bastó una sola noche para dar con el culpable de su crimen, decidir que se cambiaba de bando y dictaminar que se tomaría la justicia por su mano.

- ¡HIJO DE PUTA! –se escuchó retumbar bajo el abandonado puente a las afueras de la ciudad.

            El murmullo del agua que era transportada por el río se mezcló con el sordo sonido de un puño y el lastimado gemino de un hombre. Más golpes siguieron al primero, cada uno de ellos más enérgico y furioso que el anterior. Más cólera. Más odio. Más deseos de arrancar la vida a aquel cuerpo. Arrebatarle los gritos de dolor.

            Más lágrimas ahogadas en rabia.

 - ¡Asesino! ¡Asesino! ¡¡¡ASESINOO!!!

            La magullada risa de en aquellos momentos la presa paralizó la lluvia de puñetazos que le estaba desfigurando la cara. Emergía de su garganta como un afilado sable que atravesaba el pecho de Heiji, que le taladraba los oídos y bloqueaba la capacidad de reaccionar.

- ¿Q-qué es tan gracioso? –preguntó sobrecogido, incapaz de poder controlar el temblor de su puño levantado.

- Me golpeas –murmuró el hombre, de quien lo único que podía llegar a apreciar era su hinchada sonrisa. El resto de él estaba camuflado en la oscuridad de la noche- , me destrozas, deseas con toda tu alma robarme el aliento, enterrarme, que sea engullido por los gusanos de la tierra o reducido a cenizas… Ansías deshacerte de mí antes de que cualquier otra persona me conozca e identifique a esta bestia.

- ¿A qué… a qué viene esto? –preguntó la temblorosa voz de Hattori.

- ¿Quieres que lo corrobore? –le oyó decir débilmente y con la respiración entrecortada, pero con la suficiente fuerza como para formar las palabras con sangre y saliva- ¿Quieres que te afirme eso que tanto temes, pero que tú ya sabes? Kazuha lloró cuando la golpeaba y le rasgaba la ropa, gimió de dolor, suplicó piedad, rugió que te amaba… Y que no comprendía por qué hacías todo aquello.

            Con la mandíbula apretada, el detective consiguió formular la cuestión que más le aterraba, amarrada a un hilo de voz:

- ¿Q-qui… quién eres?...

- Yo soy tú, tú eres yo:…

            El asesino se incorporó y se dejó descubrir bajo la luz de la luna. Su tez morena y brillante mirada aguamarina era idéntica a la de otra persona.

-…completos desconocidos.

            Heiji, aterrorizado, cayó para atrás e, instintivamente, retrocedió. Ante él estaba su propio rostro herido y magullado, sonriéndole de una manera tan gélida que logró que los escalofríos se adueñaran de su cuerpo como el virus más letal.

- No… no puede ser…

- Todos tenemos un asesino en nuestro interior –rió su copia, su otro yo.

 

- ¡¡¡NOOO!!!

- ¡Ah! ¡Heiji!

            El hombre abrió los ojos de par en par en cuanto lo acogió la cálida voz que lo rescataba de aquel puente. Cuando fue conciente del todo cayó en la cuenta de que estaba sentado sobre la cama, empapado en sudor frío y aferrado a la colcha como si de a su propia vida se tratase. Lo recibía a su lado una mujer soñolienta pero que aún habiendo sido despertada con aquella brusquedad tenía palabras para tranquilizarlo:

- ¿Qué ocurre, Heiji? ¿Volviste a soñar con pesadillas?

            Sí. Sueños. Solo eran eso. Pesadillas. La peor de todas.

- ¡Dios mío, estás temblando!

- No es nada, Kazuha…

- ¿Pero tú te has visto?

            La contempló en silencio, mientras su esposa reposaba la palma de su mano sobre su rostro y examinaba inquieta su aspecto. Sus dedos. Sus dedos estaban calientes. Ella estaba viva.

            Viva.

- Sí, sí que me he visto –contestó sobrecogido. Luego suspiró aliviado y la besó en la frente con toda la dulzura que podía demostrar a las tres de la madrugada, sintiendo a gusto como bajos sus labios se ruborizaba la piel de ella-. Pero no te preocupes, estamos bien.

- ¿Estamos? –Kazuha sonrió divertida y curiosa- ¿Soñaste conmigo acaso, señor detective?

- Sí –dijo únicamente, levantándose y dirigiéndose hacia el baño.

- ¿Entonces por qué pasaste tanto miedo? –la oyó preguntar disgustada. Luego ella mostró una mueca desconfiada- No estaría pillándote acaso siéndome infiel, ¿nee?

- En ese caso me habría bastado con huir del país… -se atrevió a seguirle el juego, mientras abría el grifo del lavamanos- No seas tonta y duérmete.

            Kazuha obedeció y se refugió nuevamente bajo las sábanas, mientras él se lavaba la cara. Cuando volviese a la cama la encontraría allí otra vez, a su lado, respirando la paz de las historias que durante el resto de las horas de descanso que le quedaban le regalaría su subconsciente.

            Era la mujer de sus sueños.

            Pero precisamente aquella noche le daba miedo que estos se cumpliesen.

  

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Siempre me ha gustado poner a los personajes al límite, jugar con ellos y ver hasta dónde pueden ser capaces de llegar. Es en esos momentos cuando siento que ellos son puros al 100 % , seres naturales que, ante una situación drástica, no meditan sus acciones y se basan en su instinto. Puede resultar cruel, doloroso, e incluso no agradar, pero muchas veces lo que busco no es sacar sonrisas, sino sentimientos y sensaciones.

Quizás por eso este shot ha sido algo especial para mí, porque he hecho sufrir a Heiji su peor miedo: ser el culpable de la muerte de la persona que más ama. Para mí los sueños, además de los libros, son otra de las maneras de sentir una experiencia paralela, sin necesidad de vivirla. Puede ser por eso que siempre me ha llamado tanto la atención ese tema y el contenido de estos.

¿Mostrar a Heiji como el asesino? Bueno, tiene que ver con esta frase "Yo soy tú, tú eres yo: completos desconocidos". Él mismo desconoce a dónde puede llegar, que una parte de él también desea matar. En definitiva: teme ceder a sus impulsos y caer en la irracionalidad. Seguramemte todos nosotros tenemos muchas facetas propias desconocidas, y algunas de ellas que no deseamos que salgan a la luz.

Así pues, esta es mi reflexión ^.^ ¡Ah! Y por si alguno de ustedes se lo pregunta, sí, Heiji y Kazuha en este shot están casados y tienen más edad ^///^

¡Nos vemos!

6#. Escape

  • Sep. 20th, 2007 at 12:54 PM
Heiji pillín ^^
Al fin acabé "Escape" ^^
Bueno, decir que me divertí mucho, la verdad es que me lo paso muy bien cuando escribo sobre este chico en situaciones incómoda como esta, jajaja!
¡Disfruten con "Escape"!

 
 

- Cariño, ya estoy en casa –informó cansinamente, mientras asía en la mano su maleta de la escuela como si se tratase de la de un atareado oficinista.
- ¡No, así no! ¡Debes de decirlo con más energía, más ilusión!
     El niño se giró y le dedicó una peligrosa mirada malhumorada. De repente tiró su maleta en el suelo del parque, ignorando por completo el papel que en realidad debía de llevar adelante.
- ¿Con más ilusión, dices? ¡Me vas a servir esa bazofia! ¿Como quieres que me salga la dichosa frasecita?
- ¡No es bazofia! –contestó la chiquilla, que parecía realmente disgustada por el comentario- ¡Es tarta de chocolate!
     Crispado, y ya harto de aquella situación, Heiji se acercó a ella (pasando por alto que también jugando a las “casitas” debía de quitarse los zapatos antes de entrar a la vivienda imaginaria, o lo que era lo mismo, pisar la alfombra de cuadros) y no dudó ni un instante en contestar como quien realmente era:
- ¡No es tarta de chocolate, idiota! ¡Es tierra con agua! ¿Entendiste? ¡Tierra! –señaló el parterre con rosales que había a unos cinco metros de ellos- ¡Agua! –hizo lo mismo con la fuente en la que unos pequeños pajaritos saciaban su sed- ¡Así que deja ya de decir estupideces de una vez!
     Como si aquellas palabras activaran un botón escondido en algún lugar de ella, Kazuha hundió su mano en el molde en forma de corazón que contenía la supuesta tarta por la que discutían. Un segundo después la cara del pequeño Hattori fue la que transportó el cuerpo del delito.
- ¿Está buena la tarta, Heiji? –preguntó luego, examinando con una mezcla de enfado y triunfo cómo el barro escurría por el rostro de su amigo.
- ¡Maldita niñata engreída! –rugió él, y se abalanzó frenético sobre Kazuha, cayendo así  ambos al suelo.
- ¡Suéltame!
- ¡Te vas a comer esa mierda!
- ¡Ah! ¡Déjame!  
- ¡Ey, ey, para! ¡Estate quieto! –intervino alguien más.
     Una niña más alta y fuerte que él consiguió separarlo de Kazuha e inmovilizarlo lejos de ella, aún cuando el cuerpo del chiquillo continuaba resistiéndose y retorciéndose motivado por aquel inesperado deseo de matar. Cuando al fin desistió en seguir obedeciendo a su vena asesina se levantó, sin molestase siquiera en limpiarse el barro de su ropa.
- ¿Es esa manera de jugar, Heiji? –le preguntó la otra chica, colocando las manos en jarra.
- ¡Esto no es asunto tuyo, Aiko! -le enfrentó él- ¡Y deja de mirarme como mi madre!
     Ella lo agarro por la oreja y tiró de él con fuerza, mientras comenzaba a dedicarle una tremenda reprimenda:
- Tengo tres años más que tú, soy tu vecina y Shizuka me ha pedido que te cuide, ¿te parece a ti que con este panorama debes contestarme de esa manera? –pellizcó un poco más su oreja, arrancándole un gemido al joven Hattori- ¿Eh?
- ¡Ay, ay!
- ¡Contesta!
- ¡No, no!
- ¿Qué se dice?
- ¡Gomen, gomen nasai!
- ¡Así me gusta! –y acto seguido lo soltó, dejándolo caer así sobre la arena del parque.
     Heiji se acarició la oreja, e incluso se atrevió a comprobar si continuaba en su lugar. Luego observó como Aiko ayudaba a Kazuha a levantarse y a asearse su trajecito naranja. Pese a que solo tenía once años, la chica aparentaba más edad, y no solamente por lo temprano que había comenzado a desarrollarse, sino también por la madurez por la que siempre había destacado. Últimamente los otros niños del parque, los que eran más mayores que él, se fijaban mucho en ella… Pero no podía entender porqué: Aiko podía ser muy linda, tener unos ojos azules preciosos y una cabellera azabache larga y brillante, pero para él solo era una  metomentodo, marimandona y…
- ¿Por qué me miras así, Heiji-kun? –preguntó recelosa la chica, que acababa de percatarse de la atención que estaba poniendo el infante en ella.
- Me preguntaba por qué tus padres te llamaron así –contestó sonriendo con rebeldía, aunque sin dejar de masajearse la oreja-: Aiko, “niña del amor”, definitivamente no pega contigo.
- ¡Heiji! –exclamó escandalizada Kazuha.
     Aiko se acercó y se cruzó de brazos ante él, manteniendo su mirada desafiante sobre el muchacho. Quizás a cualquier otro chico de siete años podría haberle impuesto su semblante serio y su altura, pero a él no.
- Te crees muy listo y haces comentarios irónicos como los adultos, ¿eh, Hattori-kun?  Pero sin embargo juegas con Kazuha-chan a las casitas.
- ¡Juego con ella porque mamá me obliga! –se defendió él ofendido- ¡Yo ya soy grande para esas cosas!
- ¿A sí? Bueno, entonces siempre puedes jugar a las “casitas de verdad” –comento Aiko suspicaz-, pero eso es para los mayores…
- ¿Casitas… de verdad? –preguntó Kazuha, deteniéndose al lado de su amigo.
- ¡Jugaré a lo que haga falta con tal de demostrarte que no soy un niño! –le retó él, exasperado.
- ¿En serio? –Aiko sonrió de una manera que claramente infundaba de todo menos confianza- Dime, Hattori-kun, ¿sabes cómo se hacen lo niños?
- ¿Cómo se hacen…?
- ¿… lo niños? –finalizó Kazuha.
     A Aiko le bastaron tan solo dos minutos para describir el misterio de la vida, el misterio de por qué los papás y las mamás los acostaban temprano por las noches y el misterioso final de aquellas películas en las que una pareja se besaba más de la cuenta y que Shizuka Hattori no dudaba en cambiar repentinamente de canal cuando su hijo estaba delante. Averiguaron además que la fábrica internacional de bebés no se encontraba en París, sino más cerca de lo que ellos pensaban, y que según las leyes de la física y las matemáticas una cigüeña era incapaz de trabajar 24 horas al día, 365 al año, cargando niños y sin una pensión asegurada. Y para rematar aprendieron que en aquel tema ni las flores ni las abejas tenían cabida…
     En definitiva: nunca en su vida desearon tanto ser Peter Pan y estancarse en los siete años.
- ¿Qué Heiji-kun? ¿Sigues queriendo jugar a las “casitas de verdad”? –preguntó finalmente Aiko, que contemplaba simpática los rostros aterrorizados de los dos críos.
     El niño miró hacia su derecha, donde estaba Kazuha (no sabía porqué se estaban agarrando las manos con tanta fuerza), y se alejó de ella rápidamente.
- ¡No te me vuelvas a acercar, Kazuha! –le gritó alborotado.
- ¡Y como tú me toques un pelo se lo diré a mi papá! –le amenazó ella, recordando que el importante Inspector Toyama era dueño de una peligrosa pistola- ¡Nunca jamás pienso volver a jugar a las casitas con nadie!
- ¿A no? –dijo curiosa Aiko. Se notaba que se lo estaba pasando bomba… Se volvió hacia Heiji- Ya sabes que estás obligado a acompañar a Kazuha-chan, ¿verdad? ¿Entonces que piensan hacer el resto de la tarde?
- ¡No tengo ni idea, pero tengo claro que nunca haré esas cochinadas! –exclamó él seguro y más convencido que nunca. Se dio la vuelta con la clara intención de ignorar las órdenes de su madre- Me largo a jugar al fútbol con los demás chicos del parque, así que no me sigas Kazu…
     De repente sintió como algo duro golpeaba su cabeza inesperadamente, haciéndole ver las estrellas y hasta las cigüeñas en las que ya no creían. Rápidamente se llevó las manos al chichón que empezaba a nacerle y le plantó cara a su atacante:
- ¡AAY! ¿¡Pero qué haces, Kazuha!?
     Vio asombrado como la chiquilla le pasaba un grueso palo que acababa de coger, mientras levantaba amenazante y decidida otro del mismo tamaño. Por unos momentos llegó a tenerle miedo…
- ¡Quiero jugar a kendo! –le gritó.
- ¿¡Qué?! ¿Estás loca o qué?
- ¡No te vas a escaquear de estar conmigo toda la tarde! ¡ASÍ QUE QUIERO JUGAR A KENDO!
     Él cogió a tiempo el palo y esquivó el siguiente golpe, que levantó una nube de polvo a su lado. Sintiendo más que nunca que su integridad física estaba en riesgo comenzó a correr a la vez que ella lo perseguía.
- ¡Huye mientras puedas, Heiji! –le gritó la niña.
     El muchacho cayó en el suelo e interpuso su palo para evitar un golpe certero de ella, chocando ambos con un sonido seco. El uno hizo presión sobre el otro y la mirada de los fieros luchadores se cruzó.  
     Huye mientras puedas, Heiji, porque llegará el día en el que no te permitiré escape.

5#. Árbol

  • Sep. 15th, 2007 at 1:31 PM
kyo peke

¡¡¡Nuevo vicio!!! ^o^ Bueno, aunque no lo tenía planeado cuando comencé a escribir "Café" decidí, y tras varias peticiones, hacer una continuación de este shot al que he titulado "Árbol".
¡A ver qué les parece! ^.~*


Curiosa e inexplicablemente, las alturas conseguían rebajar, a golpe de vértigo, las penas de su pecho. Arrancaba de su mirada aquella humedad salada que sazonaba sus mejillas, en aquellos momentos además golpeadas por la fiereza del invierno. Distraída sorbió su nariz y abrazó sus rodillas, mientras intentaba atrapar con redes invisibles los recuerdos que, de repente, le apetecía recuperar desde aquella altura.

- Venga ya, Kazuha, no seas idiota y baja de una vez –escuchó decir cansinamente a un niño de siete años, adueñado de una pelota y estancado en algún lugar de sus memorias-, ¿por qué te subes ahí si tienes miedo a las alturas?

            Jamás encontró respuesta para aquella incógnita, ni si quiera diez años después, cuando ella misma había llegado a convencerse de saberlo todo, o por lo menos más que una niña de apenas metro y medio de estatura.

- Veo que no has cambiado –corroboró alguien a su lado.

            A su derecha halló al propio Heiji Hattori, aferrándose a una rama para tomar impulso y acomodarse luego a su lado.

- ¿Qué haces tú aquí? –preguntó la chica, molesta y evitando por todos los medios enfocar hacia el suelo o chocar contra la decisión de su mirada.

- ¿A ti qué te parece? Toda la vida me has tenido trepando árboles, Kazuha.

- Yo no te pedí que vinieras.

- … Y siempre me has atacado con la misma respuesta, pese a que, como siempre, acabo yo bajándote de aquí arriba –continuó él. Chascó la lengua con impaciencia y se rascó la cabeza-. ¿Por qué sigues con esa manía de subirte a los árboles, sabiendo el miedo que te da luego bajar?

            Detuvo su mirada sobre el rostro de la muchacha, encendido a causa del frío y del temor que intentaba ocultar bajo su expresión enfadada, expresión que, de no estar temblando, habría logrado transmitir a la perfección. Recayó entonces, perdiendo la cuenta de cuántas veces ya lo había hecho antes, en que quizás aquella sería una de las últimas ocasiones en las que estaría tan cerca de su cuerpo. En que sería aquel de sus últimos enfados a su lado. En que, seguramente, no volverían a conversar entre las ramas de un árbol.

            En que se marcharía finalmente.

- Supongo que hay miedos que valen la pena enfrentar –la escuchó murmurar como si su voz proviniese de un lugar muy lejano, tan suave y cargada de paz que le pareció que se mezclaba con la brisa.

            Inspeccionó la mirada de Kazuha, se zambulló en aquella esperanza que parecía saludarlo al otro lado de sus pupilas, gritarle algo que no consiguió comprender hasta que las palabras de la joven llegaron por fin hasta su completo sentido.

            Sí.

            Sí que valía la pena.

            Porque al otro lado de sus miedos lo aguardaría la esperanza.

- Debería subir a los árboles más a menudo –concluyó su hipótesis finalmente, como buen detective que era.

            Se enfrentaron y perpetuaron sus miradas todo el tiempo que pudieron retener aquella sensación de compañía. De seguridad. De saber que no sería, ni mucho menos, el final de todo.

- Boba… -dijo Heiji, despeinándole el cabello- Que me entere yo que no aprovechas como Dios manda esa condenada beca, ¿de acuerdo?

            Ella afirmó con la cabeza, emocionada y sin poder retener una radiante sonrisa cargada de felicidad, mientras Heiji intentaba ocultar con su acostumbrada expresión despreocupada la vergüenza que en realidad lo atormentaba y le hacía sentir más calor del que debería tener en aquella época del año.

- Va, te invito a un chocolate caliente, pero que no se convierta en costumbre –ofreció el chico, ayudando a descender de las alturas a su amiga, como si se tratase de un desvalido gatito.

- ¿Chocolate? –preguntó ella extrañada, asiéndose a la mano que la socorría y atreviéndose a saltar al fin- ¿Y qué pasa con tu afición al café?

            Heiji la contempló en silencio. Luego retomaron su camino y miró al cielo, a la vez que una enigmática sonrisa nacía en sus labios.

- El chocolate es mucho más dulce…

4#. Café

  • Sep. 2nd, 2007 at 11:24 PM

Nuevo vicio!!! A ver qué les parece, porque a decir verdad me he sentido bastante identificada con Heiji en este fic... Quizás por eso lo escribí en tan poco tiempo (1 hora, eso es un record XDD) y me quedé tan agusto al acabarlo.
Aquí les dejo "Café":

 
 
     La vida continúa y ella es feliz, eso es lo que verdaderamente importa.
     No es una oportunidad perdida, ni si quiera la pérdida de la propia esperanza, solo un descanso.
     No eres lo más importante en su camino, también tiene deseos, anhelos y sueños. Personas que también la necesitan.
     Si no entiendes nada es porque lo sabes todo y no te has dado cuenta.
     Aquellas eran frases fáciles de lanzar, pero imposibles de tragar cuando a quien estaban dirigidas eran a él mismo. El propio Heiji las había dicho en alguna ocasión. Pensar en ellas y observar a Kazuha al mismo tiempo eran dos cosas incompatibles, pese a que su mirada limpia y su sonrisa irradiante de expectativas le diesen la bienvenida cada mañana. Por eso mismo dejó de recogerla en la puerta de su casa todos los días antes de ir al instituto, de quedar con ella para comer y de recalcarle lo estúpida que era. Comenzó a ignorar sus insultos, el enrojecimiento repentino de sus mejillas y sus esperas tras los entrenamientos de Kendo.
     E incluso se hizo, de la noche a la mañana, adicto al café.
- Heiji.
     El solicitado levantó la cabeza de su humeante taza y la descubrió ante la mesa, mezclada con los aromas a bebidas calientes y reconfortantes en invierno, dulces y la calidez de la cafetería. Vestía aún, como él, el uniforme del instituto y lo miraba seriamente.
- ¿Sí?
- Vaya, parece que no te ha quedado otro remedio que admitir que existo.
- Eso parece, no eres pequeña.
- ¡Idiota!
     Una semana antes el muchacho le habría contraatacado con una respuesta peor que habría conseguido subirle los colores a ella y arrancarle una colleja. Sin embargo, eso habría sido, como bien ha sido dicho, una semana antes…
- ¿Viniste a tomar algo? Te aconsejo el café vienés, aunque con poca nata… -comentó a todo ataque, examinando de manera aburrida su taza.
     No había cambiado solamente Heiji, también su mirada. Se lucía apagada, pero a la vez desafiante, como si en verdad, lo que pretendiese con su descarado desinterés, fuera provocar al resto del mundo. A lo que le quedaba de Kazuha.
- ¿Qué te ocurre? –preguntó la chica aún de pie, aunque deseando con todas sus fuerzas que él la invitase a acompañarlo.
- Me siento bien aquí, nada más.
- ¡Deja ya de jugar conmigo, Heiji! –le gritó perdiendo la paciencia, consiguiendo así enmudecer, sin aquella intención, a media cafetería.
- ¿Jugar contigo? –su amigo levanto nuevamente la cabeza y le dedicó algo diferente, una expresión molesta- ¿Jugar contigo, dices? Te aseguro que tengo mejores maneras con las que perder el tiempo.
- ¿Bebiendo café? ¿Eso es lo mejor que tienes que hacer? ¡Pero si siempre lo has odiado!
- Quizás haya comenzado a odiar otras cosas –dijo fríamente, mientras soplaba antes de tomar un sorbo-. Además, tengo que ir acostumbrándome.
- Jamás pensé que te lo fueras a tomar así, Heiji…
- ¿Tomar cómo? –dejó la taza en la mesa- ¿El café?
- Aquella noticia.
- No me lo tomo de ninguna manera, no eres el ombligo del mundo, Kazuha.
     De repente, y sin ninguno de los dos siquiera esperarlo, un impulso motivado por la rabia la sacudió, consiguiendo así que ella golpease la taza y tirase su contenido sobre el uniforme del chico. Sintiendo que se abrasaba vivo se puso de pie. La silla cayó tras él con un golpe seco. Ella esperó con la respiración alterada, ansió con todas sus fuerzas un insulto, un grito, una rabieta por su parte.
- Vaya, ahora tendré que ir a limpiarme esto en el baño… -masculló únicamente, examinando los daños. Fue la gota que colmó el vaso, o en aquel caso, la taza.
- ¡Para mí si eres el ombligo del mundo Heiji, y si a ti no te importa que haya conseguido esa beca para estudiar fuera de Osaka a mí si! –le chilló furiosa, mientras las lágrimas le subían por la garganta como un río salado.
     Y a continuación se dio la vuelta y salió de la cafetería frenética, con largas zancadas, asiéndose a lo único que le quedaba en esos momentos: su maleta.
     Él contempló su rápida figura desaparecer al otro lado del cristal del establecimiento en silencio. Amarga. Aquella despedida iba a ser aún más amarga e hirviente de lo que él llevaba deseando aquella semana. Sin fijarse demasiado dejó un par de billetes sobre la mesa y comenzó a correr hacia la puerta.
     Era momento de endulzar aquel café.

3#. Reglas

  • Aug. 27th, 2007 at 12:57 AM
sigure

Muy wenaaaas!
Me rebané la cabeza con este shot (no se me ocurría nada con la palabra "Reglas" ú.ù ) , e incluso estuve a punto de empezarlo de nuevo porque no me estaba gustando como iba quedando ¬¬... Sin embargo probé y me dejé llevar, y resultó esto, así que espero que no les haya decepcionado ó.òU Al final me he quedado más o menos satisfecha ^^U
El próximo vicio no sé cual será, la verdad, empiezo a plantearme el no hacerlos en orden XDD 
Enga, les dejo ya con "Reglas". Abrazoteees ^.^*!



     Era justamente en aquel instante cuando la piel se le ponía agradablemente de gallina y sentía que sus labios estaban más secos de lo normal. Lentamente lo apretó contra su pecho, mientras taladraba con su mirada lo que podía ocultarse tras aquellas pupilas; lo que seguramente aquel joven decidido quería decirle sin emitir palabra alguna; lo que, quizás, se limitaría a expresar y no a transmitir.
- ¿Por qué…? ¿Por qué me miras así? –susurró ella, sin ser capaz de distinguir aquella realidad de un sueño.
     La respuesta la halló cuando el muchacho la agarró por la cintura, la atrajo hacia él y logró encadenarse con su respiración, mientras sus labios compartían espacio y tiempo juntos, acariciándose, hablando entre ellos sin necesidad de otro lenguaje que aquel tan silencioso.
     Inconcientemente, Kazuha quedó paralizada, pero a medida que el beso se hizo con ella fue relajando los músculos poco a poco.
     Por fin.  
     Por fin había llegado aquel momento que ella llevaba esperando desde hacía tanto tiempo.
     El timbre de la casa interrumpió aquel mágico desenlace, consiguiendo así hacerla separar su mirada de la pantalla de la televisión. Maldiciendo al desconocido recién llegado dejó a un lado el cojín que apretaba contra ella desde hacía un rato y se levantó del sofá, a la vez que bajaba el volumen de la televisión y se llevaba consigo el mando de éste. ¿Quién? ¿Qué desgraciado se había atrevido a interrumpir su agradable descanso?
     El timbre continuaba reclamando su atención incesantemente, consiguiendo así ponerla cada vez más nerviosa:
- ¡Ya voy! –informó.
     Más horribles y desquiciantes “ding-dong”.
- ¡Ya he dicho que ya voy! –gritó, abriendo de golpe la puerta de la entrada.
- ¿Cada día eres más lenta o te pesa más el trasero? –preguntó en tono burlón la persona a la que, aún con la mano posada en el timbre, la esperaba al otro lado.
- ¡¿Qué haces tú aquí?! –preguntó enfadada la chica (ya no solo por habérsele sido arruinado su apreciado momento tras el almuerzo, sino por aquella “perla” de saludo).  
     Heiji Hattori, aún vestido con su uniforme negro del instituto y cargado con su maleta, la dejó en el suelo y sacó la otra mano del bolsillo para cruzarse de brazos.  
- ¡Pero bueno! ¿Es esa manera de recibir a un invitado? ¡Yo no debo culpa de que estés enferma y te tenga que llevar la tarea de clase! –preguntó disgustado.
- ¡Te dije que no vinieras antes de las seis, si decidiste no hacerme caso es tú problema!  
- Creo que el tuyo también, ¿no? –contestó mientras recuperaba aquella expresión orgullosa que ella tanto detestaba.
     Por increíble que pareciese le habían bastado aquellas pocas palabras para cortarle la respiración y bloquearla. Kazuha temió a lo que el joven se refería, es más, una parte de ella ya lo esperaba. Su silencio tan solo sobrevivió un par de segundos, pero fueron suficientes como para confirmar las sospechas de él.
- ¿A… a qué te refieres? –cuestionó ella, que pese a que había intentado hablar con toda la seguridad posible no había podido evitar vacilar.
- Estabas viendo una de esas pelis romanticonas y empalagosas a las que te has hecho adicta, ¿verdad? –le soltó él de repente, a la vez que sus labios acentuaban aquella sonrisa de superioridad. 

1ª Regla de oro:
Jamás admitir ante Heiji que era una adicta a las pelis romanticonas y empalagosas

 - ¡Por supuesto que no! –replicó Kazuha, que intentó disimular tras su enfado el único camino que tenía para no violar aquella regla.
     De pronto Heiji la agarró del brazo, inmovilizándole así la muñeca. El mando de la televisión quedó de esta manera entre ambos, aunque no fue impedimento para que ambos se mirasen a los ojos.
- ¿Intentabas apagar la televisión a escondidas? –indagó él, mientras levantaba una ceja.
     ¿Pero cómo había sido capaz de darse cuenta si ella había escondido el mando detrás de su espalda durante todo ese tiempo? Ante la cara de estupefacción de Kazuha, Heiji no se molestó en reprimir una sonora carcajada que hizo rechinar los dientes de ella. Luego se invitó a sí mismo a pasar al interior de la casa, mientras le decía con voz despreocupada:
- Pues sí, ahora que lo dices me encantaría un té verde.
- ¡Yo no te he ofrecido nada! –chilló furiosa, a la vez que cerraba de un portazo. Luego dejó escapar un sonoro estornudo que él contestó involuntariamente diciendo “Salud”.
     Sí. Desde hacía muchos años Kazuha, quizás desde que había sido consciente de que la sonrisa del muchacho la enganchaba más de lo normal para ser únicamente amigos, se había impuesto a sí misma una serie de reglas a seguir cuando estaba junto al avispado detective. Pero ella no era la única que se planteaba normas: entre los principios de Heiji estaba el de incordiar todo lo posible a Kazuha, algo que intentaba cumplir a rajatabla.
     Relajado, se tomó la libertad de acomodarse sobre el sofá, mientras contemplaba pensativo la película emitida en la televisión. Los dos protagonistas compartían en aquellos momentos apasionados besos y caricias, y daba la impresión de que estaban dispuestos a llevar su romance más allá, o por lo menos eso le pareció a Heiji a juzgar por la decisión con la que se habían tirado sobre una cama y comenzaban a desvestirse mutuamente…
     La pantalla de la televisión interrumpió la interesante escena cuando ésta se apagó. Sorprendido miró hacia Kazuha, que sostenía aún en su mano el mando a distancia. Su mirada no podía haberle recordado aún más a su madre Shizuka cuando descubría el desorden en su habitación.
- Ya has visto suficiente –contestó malhumorada. Luego se dio la vuelta con intención de ir hacia la cocina-. Voy a preparar tu dichoso té…
- Oye, Kazuha…
- ¿Qué?
- ¿Con quién te imaginas cuando ves estas películas?
     Kazuha se dio la vuelta tan rápidamente que incluso él temió que resbalara y cayera en el suelo. Definitivamente, aquel repentino acaloramiento no era causado por el resfriado que llevaba soportando desde hacía dos días.
 
2ª Regla de oro
Nunca confesar que a quienes realmente veía en aquellas pelis romanticonas y empalagosas a las que se había hecho adicta era a ellos mismos

 - ¡¿Por qué preguntas algo así?! –le gritó escandalizada. Con mucho gusto le habría tirado en mando a la cabeza, pero reprimió sus deseos.
- Si ves esas películas será por algo, ¿no? –dijo él resueltamente, con una tranquilidad similar a la que se tiene cuando se comenta el tiempo que va a hacer mañana con un vecino.
- ¡Las veo porque me aburro! –contestó mientras se volvía y daba grandes zancadas hacia la cocina, sin ser consciente de la atención con la que él la miraba- ¡Y ya deja de preguntar estupideces!
     Desde aquel momento Kazuha estuvo de peor humor (si aún se podía), por lo que Heiji, cuando un rato después la chica le sirvió su té y él se quemó la lengua al probarlo, supuso que aquella era, de algún modo, otra manera más de venganza, de entre las tantas que podían maquinar las mujeres. Seguramente Kazuha continuaba enojada con él, por eso mismo debía de haberle servido el té hirviendo…
- ¡Pensé que estaría más tibio! –se quejó abanicándose la lengua con la mano.
- ¿Te tengo que enseñar a soplar, Heiji?
     Él le dedicó una mirada asesina, de aquellas que había aprendido imitándola a ella con cada uno de sus enfados, mientras dejaba la taza sobre la mesa. Ignoraba la tercera y más importante Regla de oro de la chica, la cual ella recordó embozando una pequeña sonrisa:  
 
Siempre servir el té a Heiji muy, muy caliente

     Podía parecer incomprensible e incluso estúpido, pero algo tan simple como aquello no era más que otra manera más de retenerlo junto a ella un poco más. No era necesario gritarle que quería estar con él mucho tiempo, más del que el Heiji jamás pudiera imaginar, y ni tampoco admitir que le encantaba pasar las tardes a su lado, con su compañía y sus continuos e insoportables comentarios: con servirle el té hirviendo era más que suficiente. Y Heiji jamás dejaba su té sin terminar…
- Toma –masculló ella dejando una bandeja sobre la mesita del salón.
- ¡Oh! ¡Dagashi! –exclamó encantado cuando vio los apetitosos dulces, de diferentes formas y colores- ¡Me encantan!
- Lo sé, por eso le pedí esta mañana a mi padre que comprase –contó ella mientras su enojo, para sorpresa de Heiji, parecía esfumarse poco a poco. Cogió uno de los dulces y se lo llevó a la boca-. A mí también me gustan mucho, me recuerdan a cuando los comíamos al volver del colegio.
- ¿Sabías que vendría?
     Kazuha parpadeó y dejó de masticar. Luego esquivó la mirada de Heiji, avergonzada.
- Claro, yo habría hecho lo mismo si tú hubieras enfermado –respondió a la vez que sus mejillas se tornaban más rosadas. Justo en ese momento volvió a estornudar y se frotó la nariz-. Maldito resfriado…
- Salud –dijo él, sonriendo tiernamente.
- Gracias. Además –continuó-, sé muy bien que tú no perderías una oportunidad como esta para gorronear en mi casa.
- ¡Pero bueno! ¿Y cómo iba yo a saber que me ofrecerías comida? ¡Sólo te pedí un poco té!
- ¡Pues porque como detective que eres sabrás que soy una muchacha muy educada y que siempre ofrezco algo a mis invitados!
- ¿Educada? ¿Tú te oíste cuando me recibiste?  
- ¿Me estás llamando grosera? ¡Deberías atragantarte con alguno de los dulces!
     “Yo habría hecho lo mismo si tú hubieras enfermado”.
     Aquella frase había vuelto a la cabeza de Heiji cuando, una hora después, se había despedido por fin de Kazuha y se disponía ya para volver a su casa por las calles de Osaka. ¿Así que ella también lo habría hecho? En fin, las acciones del corazón de aquella chiquilla, pese a ella ser tan inestable como el tiempo, eran totalmente predicibles.
- Je, la buena de Kazuha… -murmuró recordando a aquella niña que lo invitaba a dagashi hacía muchos años atrás.
     De repente sintió algo frío caer sobre su nariz. Miró al cielo y descubrió como comenzaba a encapotarse con grises nubes cargadas de agua. Cuando la lluvia comenzó a precipitarse sobre él se quitó decidido el abrigo de su uniforme.
- No es un mal día para coger un resfriado –sonrió.

2#. Lluvia

  • Aug. 14th, 2007 at 1:55 PM
onnion
Hello, he vuelto! ^o^ 
Aquí traigo el siguiente one-shot, "Lluvia", recién corregido. La verdad es que me divertí mucho escribiéndolo, espero que ustedes al leerlo también se lo pasen bien ^.^
En este caso he escrito sobre Heiji y Kazuha años atrás, cuando aún eran niños y sus preguntas inocentes conseguían dejar en palanca a más de uno XDD
En fin, que lo disfruten y hasta la próxima! ^.~

 

            Aquel retorcido ser no medía aún el metro y medio de estatura, pero ya se creía lo suficientemente importante como para corregir a los demás.

- Así no, boba, lo estás haciendo mal –le recriminó. Sin pedir permiso (él era el profesor y quien mandaba en ese momento, no le hacía falta hacerlo) le arrebató el papel arrugado y maltratado, utilizado para las prácticas de la estudiante-. Mira, tienes que juntar los bordes del sombrero así, no doblarlos…

- Me aburre jugar a esto, Heiji -se quejó la niña, mientras dejaba descansar su cabeza sobre la fía superficie de la mesa.

- ¿Y qué quieres? No podemos hacer otra cosa. Fuera no se puede jugar a nada, ya ves que está lloviendo –contestó él molesto, mientras continuaba haciendo dobleces incomprensibles para Kazuha.

            Lo peor que podía ocurrir un fin de semana como aquel era que los planes de diversión se los llevara un fenómeno incontrolable como era la lluvia. Mantener encerrados a dos chiquillos de seis años podía considerarse en aquel día un grave delito, por lo menos para ellos.

- Heiji…

- ¿Qué? –respondió él, sin abandonar su entretenido hobby de papel.

- ¿Qué ocurre con la lluvia?

            Aquella pregunta consiguió trastocarlo y despegar su mirada del futuro barquito para reposarla en Kazuha.

- ¿Qué? –repitió él, extrañado.

- ¿Que qué ocurre con la lluvia?

- ¡Ya te oí, pero quiero saber por qué lo preguntas!

- Es que si todas las gotas me conocieran, y a su vez todas ellas fueran amigas, yo les pediría que se fueran a una cafetería y las invitaría a pasteles, así nosotros podríamos jugar fuera sin mojarnos –contó ella.

            Heiji la contempló atentamente. Kazuha parecía hablar tan convencida que incluso le dio miedo. Luego, pensativo, observó como aquellas mismas gotas de las que ella hablaba aterrizaban al otro lado de la ventana, carceleras de su libertad, deseando algún día hacer realidad el relato de Noé. Seguramente caían millones y millones sobre el asfalto de la calle, el césped de su propia casa, golpeando los pétalos de los cerezos e intentando separarlos de la compañía de su árbol. Quizás, incluso, estuvieran maquinando la manera de cabalgar su caballo de madera, que a causa de un despiste se había quedado olvidado en el jardín.

- Tú no tienes tanto dinero como para invitarlas a todas –contestó resuelto Heiji, mientras hacía una mueca preocupada, seguramente por miedo a equivocarse en aquella afirmación-. Además, ellas no te harían caso, se reunirían todas en el mar.

- ¿En el mar? ¿Podrían caber todas allí?

- ¡Pues claro! Además, nunca se perderían: mi papá dice que todos los ríos llevan al mar.

            Ella parpadeó desconcertada. Así que todos los ríos llevaban al mar… Luego la ilusión consiguió arrancarle una sonrisa, mientras sus mejillas se encendían junto con sus ojitos jaspeados. Enseguida cogió otro folio y comenzó a doblarlo por la mitad.

 

 

- ¡Kazuha!

            Aquel grito consiguió asustarla y arrancarle un repentino respingón involuntario. Rápidamente, como lo habría hecho cualquier suricato alertado en medio de la sabana,  se giró y descubrió a su amigo a tan solo un par de metros de donde ella se encontraba. Estaba en medio de la acera de la empinada y solitaria calle, oculto bajo la capucha de su gabardina de color mandarina, la misma que su madre le había comprado hacía una semana para combatir aquella dura temporada de frío. Por los agitados movimientos de su abdomen y sus mejillas caldeadas y brillantes Kazuha supuso que el chico debía de estar agotado.

- Ah, Heiji –murmuró sorprendida.

            Ambos se observaron durante largo y tendido, mientras la lluvia continuaba precipitándose sobre sus cuerpecitos calados y helados. Un incómodo silencio los rodeó junto con el clamor del agua que corría calle abajo, imparable y enérgica, transportando consigo hojas y flores de los árboles, además de la suciedad del asfalto. Kazuha no supo por que, pero la mirada de Heiji había conseguido cautivarla inesperadamente; había algo que conseguía diferenciarla de todas las que siempre le había dedicado, algo de extraño en aquellas pupilas, en aquella expresión.

            Entonces el chico comenzó a caminar hacia ella con tanta decisión y voluntad que logró sobresaltarla nuevamente.

- ¡Ah, Heiji! –dijo cuando se paró ante ella. Sacó cuidadosamente un barquito de papel de uno de sus bolsillos y se lo enseñó felizmente- ¡Mira, por fin aprendí a hacer un…!

- ¡Por qué te has marchado! –le gritó furioso y golpeando violentamente el barco, que calló en la acera mojada, de un manotazo.

- ¡He-Heiji! –exclamó la niña, dando un paso para atrás asustada.

- ¡Tus padres llegaron esta mañana a mi casa preguntando por ti, no sabían donde estabas! –continuó chillándole, mientras cerraba enfadado los puños- ¡Desde entonces hemos estado buscándote muy preocupados por toda la ciudad!

- Pe-pero…

- ¡¿Acaso no sabes lo peligroso que es ir sola por ahí?! ¡¿No sabes que te podía haber ocurrido algo malo?!

- ¡No me grites más Heiji, por favor! –pidió ella mientras comenzaba a frotarse los ojos con las manos.

            Las lágrimas de la chiquilla consiguieron hacerlo callar por fin. Ante él Kazuha se secaba las mejillas e hipaba profundamente emocionada. No era para menos: Heiji jamás la había gritado, y mucho menos se había irritado tanto con ella. Daba la impresión de que la niña había empequeñecido en cuestión de segundos y había quedado reducida a un montoncito de arrepentimiento y amargura.

- Y-yo no quería pre-preocuparles –se sorbió la nariz y se la secó con el dorso de la mano-, s-sólo darte una sorpresa, p-pero… -volvió a inspirar fuertemente.

- No sea cochina y toma –dijo asqueado él, tendiéndole un pañuelo para que se sonara.

- ¡Lo-lo siento mucho! –gimió llorando con más ímpetu.

            Heiji se rascó la nuca mientras la observaba, torciendo la boca disgustado. Se había pasado con ella, no debía de haberla tratado de aquella manera… Para remediar su error, e intentar acabar con el sentido llanto de Kazuha, se le ocurrió algo.

- Vaya, así que por esto había desaparecido –escuchó que le decía la voz de su amigo sobre sus gimoteos.

            Ella abrió los ojos y vio atónita cómo Heiji había recogido su barquito de papel del suelo. Le dio la vuelta y leyó lo que tenía escrito con las grandes y temblorosas letras propias de un niño de primaria.

- Les… invito a… a plus… plas… -se detuvo un segundo, intentando descifrar el mensaje que, para colmo, estaba emborronado por culpa del agua. Aún era pequeño y no tenía soltura al leer- ¿a pasteles?

            Ella asintió con la cabeza, agarrando avergonzada con su maño su vestidito mojado por la lluvia.

- Sí, aprendí a hacer el barco como tú me enseñaste y vine hasta aquí –contó tímidamente.

- Pero, ¿para qué?

- Para encontrarme con ellos, con las gotas de lluvia –explicó. Él elevó una ceja sin comprender, por lo que Kazuha señaló, ya más contenta, hacia el pequeño riachuelo que se había formado en el borde de la carretera-. Como tú dijiste que todos los ríos llegan al mar busqué uno. Luego escribí mi invitación para que mi barco se los enviase cuando lo soltase aquí.

- ¡Pero esto no es un río!

- ¿A no? –ella se agachó y examinó el camino del agua pendiente abajo- ¡Pues se parece mucho al que vi en los libros de papá!

            Heiji rió y también se agachó a su lado.

- Da lo mismo, por aquí también llegarán al mar… supongo –añadió inseguro. Luego se miraron y él sonrió-. Al final te ha quedado muy bien el barco, lo doblaste como te dije.

- ¿De verdad? –Kazuha se sonrojó, emocionada por el cumplido- ¡Me costó mucho hacerlo yo sola, tuve que practicarlo! –dijo con orgullo y satisfacción.

- Entonces debiste de hacerlo miles de veces antes de que te saliera bien –la molestó.

- ¡Idiota!

            Heiji miró atentamente hacia el cielo unos instantes, pensativo, y luego al barco que tenía en la mano.

- Oye, ¿qué te parece si lo dejamos navegar en nuestro río? –propuso.

- ¿Crees que llegará al mar? –preguntó ella esperanzada y también alegre por su idea.

- ¡Por supuesto! ¡Y si aceptan la invitación yo te ayudaré a pagar los pasteles! –se comprometió él alzando el puño.

            Los dos agarraron el pequeño barquito y lo soltaron juntos sobre la corriente de agua que hacía aquella travesía por las frías calles de Osaka. Milagrosamente aguantó su fuerza y comenzó su particular viaje hacia el lugar donde todas las gotas de lluvia acababan por reunirse: el enorme y lejano mar.

            Kazuha y Heiji emprendieron, al ver desaparecer su barco, el camino hacia la casa de los Toyama. El chico le había prestado su gabardina nueva y la llevaba cogida de la mano, mientras saltaban sobre los charcos de agua y continuaban empapándose bajo la lluvia, algo que ya poco les importaba.

- Oye, Heiji.

- ¿Sí?

- ¿Las gotas de lluvia sabrán leer nuestro mensaje?

1#. Inicio

  • Aug. 4th, 2007 at 4:50 PM
heiji
Hola a toda la gente!!! En fin, me acabo de estrenar con esto del 30 Vicios ^.^ Ciertamente, me lo he pasado muy bien con el primer reto, e incluso al releerlo (una de las 5.000 veces ¬¬) me he emocionado un poquito u///ú
Espero que les guste y no decepcionarles (lo he hecho lo mejor que he podido XD), pero sobre todo que disfruten con él (y bueno, algún comentario que otro no me vendría de más, jejeje ^.^U). Mientras tanto me rebanaré los sesos para pensar en la siguiente palabra, que creo que es "Lluvia".
Por cierto, una cosa más: en este fic no he nombrado a Shinichi, pero me imaginé esta situación antes de que Heiji y Kazuha lo conociesen.


Aquí se los dejo: Inicio

“El final de una vida no es más que el inicio de un caso. Simple y llanamente”

            ¿Simple y llanamente?

            ¿Hablaba en serio en aquella ocasión?

            Kazuha Toyama, abrigada en aquel riguroso luto, examinó el perfil del autor de aquellas palabras. Él no hablaba. Él no miraba. Él no era él.

            No, aquel no era el admirado Heiji Hattori del que todo el mundo hablaba por las mañanas en las terrazas de las cafeterías, mientras señalaban su rostro triunfal en los diarios. En aquellos momentos no quedaba nada de aquella expresión. Ni de aquella mirada. Ni de aquella sonrisa. Es más, nadie se habría atrevido a afirmar que él era aquel muchacho.

            Sobrecogida por la imagen, retuvo como pudo los deseos de acercarse a él y atrapar entre sus dedos aquel temblor que lo sacudía y que era incapaz de evitar. Retuvo también sus ganas de rodearlo con los brazos y apretarlo contra su pecho, susurrarle al oído que ella estaba allí, que ella estaba y que además no dejaría de abrazarlo si él no quería. Que ella estaba allí, y que lloraría por él si no se sentía capaz de hacerlo delante de toda aquella gente.

            Porque él era un detective.

            “¡Los detectives no lloran!” recordó que le había dicho su amigo cuando apenas ambos alcanzaban el metro y medio de altura, aquella ocasión en la que el chiquillo se había aguantado el llanto tras su doloroso accidente con una bicicleta. Los detectives no lloraban, y él no iba a ser menos.

            El féretro del anciano Fujio Hattori descendió hasta las profundidades de la tierra, bajo la mirada atenta de todos los asistentes a la ceremonia, mientras una débil nevada comenzaba a precipitarse sobre ellos lentamente, sin prisas, acorde con la tranquilidad que envolvía al cementerio.

- Heiji quería muchísimo a su abuelo –contó en voz baja alguien cerca de la chica. A su lado descubrió a Shizuka, la madre de su sufrido amigo. Contemplaba cómo la tierra comenzaba a apoderarse del ataúd del difunto poco a poco y al ritmo de las palas-. Solía pasar los veranos en su casa, a las afueras de Osaka, y fue él quien le contagió su interés por los misterios. Se podría decir que mucho de lo que es hoy Heiji se lo debe a su abuelo Fujio.

            Quizá por eso mismo, por lo tanto que había sembrado en él, aquella pérdida era especialmente difícil de llevar para el joven detective. Quizá porque parte de él mismo estaba siendo enterrado en aquellos instantes junto con el anciano. Quizá porque, en aquella ocasión, no se trataba del inicio de un caso.

            O quizá porque aquello ya no le parecía algo simple y llano.

            Cuando horas después Kazuha deslizó su mirada sobre el hermoso jardín de la residencia de los Hattori descubrió la figura cabizbaja de su amigo, sentada encima de una roca. Estaba junto a los juncos que bordeaban el pequeño estanque, sobre el cual aterrizaban los pequeños copos de nieve creando mágicas hondas sobre el agua, desencajando así su superficie de cristal. Sin lugar a dudas Kazuha, de haber tenido el poder de congelar el tiempo, no habría dudado en utilizarlo para inmortalizar aquel hermoso cuadro nevado.

- He… Heiji –murmuró tras contemplar durante mucho tiempo al muchacho y sin haber podido evitar vacilar al hablar.

            Él se sorprendió y giró la cabeza para mirarla. Aquella noche sus ojos habían compartido con el océano el abismo y la soledad, el silencio y la quietud, la borrosa y estrecha línea entre la vida y la sencilla muerte. La humedad y el olor a salitre.

            El mar estaba en ellos.

 - Deberías entrar a la casa, aquí afuera vas a coger un resfriado –le comentó ella con preocupación.

            Tras degustar su luto, él se limitó en sonreír tristemente y mirar al cielo.

- No me importa. Nada me importa.

- He… Hei… -el resto de la palabra se encajó en su garganta, como una enorme piedra que no permitía liberar sus pensamientos, sino reprimirlos en lo más profundo de su pecho.

            Ella se acercó a su amigo y se sentó en el césped, a su lado, como un fiel labrador inseparable a su dueño. Era consciente de que el aire que él respirara también lo inhalaría ella, que sus silencios se convertirían en su himno, el negro de sus ropas y el blanco de la nieve en su bandera y aquella maldita sensación de no ser nadie en su destacable política.

- Desde que comencé a resolver casos –comenzó a contar Heiji, interrumpiendo así la banda sonora de los grillos- tuve la sensación de servir para algo. Era como sentir que la muerte de una persona no quedaría impune, que su alma no se iría de aquí sin que su asesino fuese castigado por haberle robado la vida. Que por lo menos se llevaría a donde quiera que fuese una pequeña compensación. Sin embargo… hoy…

            Su voz fue estrangulada por la emoción y el temblor que, colonial, se había afincado en él. Kazuha lo miró y fue incapaz de mantener el poco calor que le quedaba bajo su ropa negra: Heiji apretaba su mandíbula y luchaba contra lo que su cuerpo quería dejar en ir.

-… sin embargo hoy no se ha tratado de ningún caso, nadie mató a mi abuelo y jamás seré capaz señalar a un culpable. No… hay… culpable…

- Heiji...

- ¡No hay culpable y éste no es el inicio de nada, sino el final de todo! ¡UN MALDITO FINAL SIN ASESINOS!

            Y tras rugir aquello y pegar un puñetazo sobre sus rodillas, se tomó la libertad de taparse la cara y esconderse tras sus manos de la terrible realidad que lo azotaba: nadie había matado a la víctima.

            Kazuha, conmovida y sobrecogida por aquella imagen, también se permitió no reprimir nada más. Ni sus manos sacudidas por aquel movimiento incontrolable que la obligaba a acariciar su cabello moreno. Ni aquellos brazos que acogieron el cuerpo del muchacho atormentado. Y él se dejó acoger y se perdió en su pecho.

            Porque aquella noche, simple y llanamente, él no era un detective.

~*30 VicioS*~

  • Jul. 22nd, 2007 at 11:30 PM
heijigritzi
Hello a tod@s otra vez ^.^!
Aqui vuelvo yo, embaucada en otra de las tantas locuras aventuras en las que me meto siempre XD En fin, me ha entrado el gusanillo de probar eso de la comunidad 30 vicios (así soy yo, a veces me gustan los retos ^^U) La cosa consiste básicamente en escribir una pequeña historia relacionada con cada una de las palabras que aparecen en el recuadro:
1. Inicio2. Lluvia3. Reglas4. Café5. Árbol*
6. Escape7. Celos8. Religión9. Piano10. Pulpo (Takoyaki)*
11. Caramelo12. Espinas13. Piel14. Licor15. *
16. Insecto17. Pimienta18. Escalera19. Conejo20. *
21. Sangre22. Triangulo23. Cartas24. Humillación25. *
26. Pistola27. Miedo28. Música29. Salida30. *

Los asteriscos son algo más puñeteros ("o noo" XD) porque han de ser inventados por mí, así que vamos a ver que tal sale todo esto >.<
Nena, mi amollll, mi retoño de naranjero en florrr... en definitiva: [info]ranki, muchisimas gracias por todo ^o^!!! También gracias a tí he descubierto esta comunidad, espero que no enciendan hogueras para intentar quemarme, como a las brujas, cuando comiencen a leer mis "minifics" T_T" XD Respecto al fandom he elegido "Detective Conan" (qué raro no??? uy, huele a ironía por aqui?... ¬.¬U) y los personajes son mi parejita favorita: Heiji/Kazuha ^.^
En fin killos, a ver que tal sale esto ~_^, ya iré posteando los minifics (shots, drabbles o como diablos se llamen XD)
Un besosotee!!! 

liMpiTa ^o^

  • Jul. 16th, 2007 at 5:24 PM
onnion

Hay varias cosas que celebrar hoy:

1. MAÑANA NOS VAMOS PA LANZAROTE!!! ya tengo todo preparadito, las croquetas congeladas y las ganas impensables de pasar una semana con mis niños. Con todo eso me sobra para pasarlo bien ^^
2. Aprobé todo!!!!! Bueno, aunque falta una nota, yo creo que esa la apruebe con un trabajo que vamos a entregar u.uU, aún así yo creo que el resultado final del curso no ha estado mal, no??? De momento voy limpita ^.^
3. Ayer hice un dibujo que me gustó, de momento... pasarán unos días hasta que le encuentre interminables fallos después de perfilar (precisamente), algo común en mí ¬¬
4. Por fin se acabaron los examenes!!!
5. Esta noche se emite un especial de DC en japón, seguro que cuando vuelva de Lanzarote ya estará colgado o con sub en inglés, crucemos los dedos >.<
6. Estreno diseño para el livejournal ^^U Les gusta?


En fin, la verdad que gracias a todo estoy estoy bastante contenta (pa no estarlo XD). Comenzaré las prácticas del carné en agosto (eso espero) y pienso disfrutar del verano todo lo que se pueda, y con mis niños, por su puestoooo!!! Tengo muchos planes, entre ellos dibujar mucho y aprender a manejar mejor el ordenador ^^U, solo espero que lo consiga.
En fin, no tengo mucho más que decir, y no estoy muy inspirada tampoco, así que les dejo ya chikillos, hasta la próxima!!!

¡¡¡MIREN EL SEGUNDO 9!!!

  • May. 18th, 2007 at 2:45 PM
naruto

Por fin, POR FIN PUEDO TACHAR ALGO DE MI LISTA DE COSAS PENDIENTES! (Lore saca su lista de cosas pendientes y tacha una de las cosas pendientes, escrita entre "Conocer a Brad Pitt" y "Cenar 3 veces en una misma noche"). Verán, tras arduas investigaciones mi amiga Adri ha descubierto un video que no le será indifetente a nadie, YEAH!

[info]only_tuki
 nena, abre bien los ojos, porque ésto es un asunto en el que tú también cuentas... Sólo vean este video y juzguen, pero recuerden, MIREN EL SEGUNDO 9!!!

http://www.youtube.com/watch?v=PN18dBtegeo

Qué? Como se han quedao? Pues para el que sufra algo de miopía y no tenga las gafas cercas o simplemente sea tonto que sepan que en éste video de Youtube aparecemos Adri (de negro), Marta (de azul) y yo (monísima de la muerte), en la cola para entrar en el Salón del Manga de Vencidario, YEAH OTRA VEZ! Juas, una cosa menos pendiente: Salir en un video de Youtube!

PD: ¿Dónde está Ju? Aaaaaah, adivina, adivinaaaa
Respuesta: Estaba delante de Marta, que la tapa... la pobre XDD JAJAJAJAJA

Primer juicio

  • May. 14th, 2007 at 11:27 PM
kyo peke

Hola gente, he abierto ésta nueva sección, "Los juicios con la Campa", tras la salida a los juzgados que hicimos con nuestra profesora de penitenciario a los juzgados de Las Palmas. Aquí les dejo con el primero de ellos, y si me da el punto ya pondré más de los 7 juicios en los que estuvimos. Un abrazo!


En aquel primer momento me sorprendió lo enorme que se lo describía en la ficción de las series y películas malas de los fines de semana y lo pequeño que era en la realidad. En verdad, era del tamaño justo. Ni más ni menos. Para juzgar a un hombre hacen falta apenas unos metros, un puñado de butacas y varias batas negras teñidas de autoridad. Nada más. Fascinada por aquel lugar nuevo y desconocido, acaricié con la mirada las paredes y la puerta de metal verdes, el banquillo de los acusados, a apenas metro y medio de donde yo estaba sentada, y la mesa en la que se encontraban, comentando cómo hacían para dejar el tabaco, el juez, la fiscal, la secretaria y un abogado. De repente, uno de ellos miró su reloj e indicó que era la hora de ganarse el sueldo de ese día.

            El juez, un cincuentón de aspecto duro y alopecia cantada, ordenó que entrara en la sala el primer acusado de la mañana, mientras se colocaba sus gafas de montura dorada. Era el momento de ponerse a trabajar, y quedarían por delante seis juicios más que a mí, por lo menos me darían mucho que pensar.

            El acusado, desorientado, penetró en la sala consiguiendo ser el centro de atención. Observaba su alrededor a la vez que su andar patizambo lo dirigía hacia el banquillo en el que sería juzgado. Encorvado y sin entender qué hacía él allí, echó un vistazo hacia atrás, hacia las butacas donde el “público” contemplaba en “escenario” y a sus actores. Nunca lo olvidaré. Nunca seré capaz de borrar aquella mirada vacía tras los ojos de aquel hombre, cuyo mayor delito, del cual allí no se lo acusaba, era el ser un disminuido mental con un 88% de deficiencia. Abría y cerraba la boca continuamente, pero aquel gesto no era el que me había dejado helada sobre mi butaca, sino la desconocida historia que aquel hombre debía guardar tras aquella piel morena, tras aquel jersey rojo y azul, tras aquella inocencia que me robó el aliento.

            La fiscal, una mujer joven de acento peninsular y hablar directo y claro, llamó al acusado, el cual lo miró. Comenzó a hacerle unas preguntas que, a oídos de cualquier otra persona, habrían resultado sencillas de comprender, como por ejemplo si sabía porqué estaba allí. El hombre afirmó. Luego negó. Luego volvió a mirar hacia atrás. Y luego le volvieron a nombran. Volvió a afirmar y seguidamente a examinarse las manos. Estaba claro que él no tenía nada claro.

            A continuación, entró en la sala la primera testigo. La mujer, por lo visto, había presenciado como el acusado se había masturbado en medio de un parque, o como diría la siguiente testigo, “haciendo esas cosas…”, delante de unos niños que allí jugaban. Cualquiera, incluso yo, habría pensado que el hombre lo había hecho mirando a los niños, sin embargo, la testigo lo negó: simplemente, el acusado se había masturbado  en el lugar menos indicado, ante las personas menos indicadas, nada más. Además, su aspecto, según su declaración, presentaba falta de higiene, e incluso llegó a afirmar que el hombre “se había hecho caca encima”.

            Tras las dos declaraciones, la fiscal procedió a decir lo que a mí me pareció una especie de veredicto, y el juez le llevó la razón. El acusado debería ser ingresado en un centro, según toda esa palabrería que escupe esa Biblia sagrada para el gremio de la justicia: el Código Penal. Luego todos ellos comenzaron a rellenar papeleo, mientras una mujer se llevaba al recién juzgado de allí y aquel juicio quedaba como otro más. Cuántas historias habrán presenciado aquellas cuatro paredes. Y cuántas les quedarán presenciar.

            Un minuto después, y sin habernos recuperado aún de nuestra primera experiencia, el siguiente abogado se colocó la bata negra que había llevado puesta el del anterior juicio  y se sentó en su lugar, dispuesto a defender a su cliente.

            Aquella bata pasaría por muchas personas antes de acabar el día.

sigure

Wenas chic@s, que tal? Aquí estoy, en la biblio de la Uni (a que parezco pija hablando así???), al cual me fucionaré durante unos días antes de mi examen de SS.SS (osease: Servicios Sociales). Porque SI, queridos... em... queridos... queridos todos? BUENO, YA. Decía: porque SI, queridos (lo que sean): EXISTE OTRO MUNDO MÁS ALLÁ DE MI ZULITO, que es así como llamo al sótano de mi casa en el que me recluyo las temporaditas de examenes ¬¬ Tras razonar largo y tendido (vale, no lo pensé) la posibilidad de estudiar en otro lugar que ahí he decidido venirme a la biblio de la Uni. ¿Las razones? Varias:

a) En mi casa hay tele y me tienta el Diario de Patricia
b) En mi casa hay despensa (lo que hace que la asalte cada 2x3, resultado --> pérdida de tiempo y vicio al chocolate, ya tengo algo más de lo que desintoxicarme, YUPIIIII ¬¬) Sin embargo, aquí todos tienden a estar fijo bebiendo agua, y claro, eso se te pega...
c) En la biblio hay muchos tíos (lo cual me permite apreciar las maravillas de las que es causante la madre naturaleza ^.^); en mi casa sólo está mi padre ¬¬
d) Los mangas: POR QUÉ TENGO LA MANÍA DE COLOCARLOS JUSTO ENCIMA DE MI ESCRITORIO???? (es que no tengo otro sitio donde ponerlos >_<); en la biblio no hay mangas
e) En casa me entra la inspiración repentina de dibujar
(en la biblio la de mirar a los chicos...)
f) Ños, ya por la f?
g) Y ahora por la g...
h) En casa me entretengo contemplando el calendario que hay en mi escritorio, por lo que me viene a la cabeza todos los cumples y cosas que tengo que hacer (todo menos los días que faltan para el examen ¬¬); en la biblio no hay calendarios XD
i) Existe en la biblio lo que yo llamo el síndrome de "Oh Dios mío, todos están estudiando, qué corte ponerme a tocarme las narices precisamente ahora...", o lo que es lo mismo: "contagio estudioso"; en casa hay vacunas para eso XDD
j) En casa juego con los restos de las gomas; en la biblio de la Uni también XD
k) Vaya, ésto comienza a parecerse al LJ [info]only_tuki de (todo clasificadito XD) uy, voy a decir algo más para llegar a la L d Lorena...
l) Hola ^^

Pues esas son las (lore mira más arriba...) ah! razones de estudiar en la biblio, a que parece un doctorado?? ^__^
La verdad, ayer me concentré más estudiando en la biblio que en mi zulo, aunque me reí un rato cuando vi pasar a una "rubia unineuronal con tacones y minifalda" al lado mío, lo cual me dejó o.Ó
Tuve también la suerte de estar sentada cerca de un chico con camiseta ceñidita y de buen ver (él solito se colocó allí, osea, no fuy yo a donde estaba él, mal pensados... ¬¬), seguro que [info]mtuky se lo habría pasado bien allí...
Pues nada, gente, continuaré con mi proceso de prueba aquí, por lo menos para ver algo diferente a mi zulo (que nu está nada mal, eh!!! lo kero muxo ^^), y ya me despido, que quedan 5m para sociología y yo aki en la biblio de la Uni, DIOS QUE TARDE!!!!GRIMALDI ME MATA!!!!

PD: Ya el msn está arreglado (justo cuando no puedo utilizarlo pk estoy estudiando, que way, no? ¬¬), era el software ese de las narices... gracias Lore por tu post!!!

Yo te MALDIGO...

  • May. 3rd, 2007 at 4:37 PM
naruto

U.u... ains... mi msn no furula, lleva así unos días... creo k puede ser por el antivirus, pero ni idea d arreglarlo... ¬¬ en fins, a ver si mi padre lleva el ordenador a la tienda, para ver si lo arreglan (pero a éste paso será dentro de... emm... k hora es? ah! las 16:38, eso kiere decir k será más o menos como.... dentro de 3 meses ¬¬?)
Bueno, akí les dejo el "simpático" mensaje que me da cuando no puedo iniciar sesión. Estoy irónica, de mala uva y con un día de perros, así que maldigo al msn y al abuelo de heidi:


"no has podido iniciar sesión (ni k no lo supiera... ¬¬) en windows liver msn en este momento, inténtelo más tarde (llevo intentáncolo 3 día, hijo de la gran... madre k te parió, EJEM)

windows live msn ha intentado varias veces iniciar sesión (no me digas?) sin exito (fitetú... ¬¬). Es porsible que el firewall (a saber k * será eso...) bloquee la conección de wind... (no pienso volver a escribirl el nombre entero!!!) msn al servicio. Revisa la configuración del firewall (mira tras tu espalda, alguien, por ejmeplo yo, PORDÍA COMETER UN ASESINADO CONTIGO). para obtener más información, consulta (a marta?) las instrucciones del distribuidor (aaam...)

código de error: 80048820 (vete a la mierd...¬¬ a tí no es, trankil@)

código de error extendido: (otra jartá de numeros)"


Ese es el mensajito de las narices... bueno, gente, hasta la próxima!!!
PD: TUKYYYYYYYYYYYYYYYY, YA TE ACERCAS A LA JUBILACIÓOOON!!!JAJAJAJA, HAY VIEJORRAAAA, DOS DÍAS PA LOS 19!!!fiestuky k nos vamos a pegar mañana...

Firmitas y avatars ^.^

  • Apr. 27th, 2007 at 5:28 PM
heijigritzi
Bueno, ahora que he recibidos mis correspondientes clases particulares por parte de [info]mtuky he aprendido un par de cosillas, como poner imágenes (soy patética, lo sé U.Uu, mira que no haberlo aprendido después de tanto tiempo...). En fin, para empezar les pondré unas firmitas y avatars que me han hecho mis amigüitos del foro ^^, espero que les gusten!!!

Éstas son de dex, fueron las primeras firmas que tuve ^^, y cuando me enteré por fin de lo que eran... ¬¬u









Ésta es de Gaby, de Fruit Basket *o*



Nai-chan y las primeras dos primeras firmitas que le encargué ^.^





El pedazo de pack que me hizo la semana pasada *¬*:







Está en verde y en azul, cual les gusta más???

Ésto son los milagros del photoshop ;)
Abrazotes a todossss y gracias!!!
Si esk... ¡menudos artistas!

PD: ale, ya subí bien las imágenes, ahora a dejar coments, eh!!!
sigure
Weeeeeeeeeeeeeeeeeeiii, la lore actualiza k da gusto, eh???¬¬ Weno, pero k kieren, no he tenido tiempo pa ná: k si estudia para los examenes, k si ensaya para teatro, k si asiste al curso de narrativa superchachichupi pero k dura 3 horas ¬¬ en el obelisco cogiendo 2 * wawas (por cierto, * significa a partir d hoy palabrota, cualquiera d ellas ^^U)... Y otras muchas cosas más, porque una también tiene su vida, su familia, amigos, amantes, más amantes, etc, etc, etc... más amantes...
Aaaaaaaah, pero weno, hablemos del carnavallllll¡¡¡¡¡(joe... mira k hace k no actualizo, eh¿?¿?¿?) Bueno, para resumen resumido (XDD) de la cabalgata en las palmas visiten el LJ de mtuky.livejournal.com (concretamente aki:
http://mtuky.livejournal.com/7516.html?mode=reply), k la tia se lo curró y está muy bien y no m da la gana de contarlo aki pork m da pereza. La verdad, lo pasé genial, m habría kedado más... otro año será ^^. Además, ese dia fue una oportunidad genial para ver a rayco con tutú y tetas postizas, jejeje. Eso es la 8ª machangada del mundo.... Tesss, digno de presenciar ^o^
Respecto al curso, han de saber k lo acabé hace un montón ^.^U ("oh, lore, ¿pero acaso estabas haciendo un curso?¿?¿¿? Esk como no actualizas ni ná... ni nos cuentas...")EJEM. Pues mira, les cuento: era un curso de iniciación a la narrativa del cuento y la novela, y he de de decir que HA SIDO SUPERRRRRRRRRR CHUPICHACHIIIIIIIIIII¡¡¡¡GECIANL, ME HAN ENCANTADO ESTAS 5 CLASES K HEMOS DADO (tenía k salir d la uni pitanto, comer donde dios m hubiese preparao y volar hacia el obelisco, en las palmas, el curso era de 4:30 a 7:30). Esta ajetreada vida cansa, pero m mola hacer lo k m gusta ^^.
En lo que se refiere a teatro puessss, como calificarlo...? SUPERWAAACHIIIIII!!! Bueno, hace por lo menos un mes y medio ¬¬U (em... sí, definitivamente me he pasado sin actualizar...) que actuamos, primero para los del instituto y el colegio y luego para el pueblo en general. Fue un auténtico éxito, luego vino la consejala de cultura y nos felicitó y todoooo *o* Además, creo que nunca me había felicitado tanta gente desconocida XD La verdad, ha sido una experiencia maravillosa, de las mejores que he tenido. Me lo pasaba genial, y creo que dentro de poco volveremos a actuar; a la gente le gustó mucho porque era una obra simpática, amena (eso dice el público ¬¬U) y además la escribimos nosotros, hicimos el decorado, los vestuarios, buscamos la music... Un curro que valió la pena gracias al esfuerzo de todos (por cierto, Iris, por si lees esto algún día, agradezco que te esforzara tanto por que todo saliera para adelante, sin tí no habría salido tan bien ^^, besotes wapiisima)
Qué más, qué mas...? Ah, bueno, pues que ahora comienza de nuevo la época de exams (jupiiii...¬¬), por lo que habrá que ponerse de nuevo a piñon (gracias a dios, el cuatrimestre anterior aprobé todo, vamos a ver si no la fastidio ahora...). Me quedan además 7 lindos trabajitos por delante y unos pocos meses para hacer todo (yupiiii otra vez ¬¬U). Enga, pa lante como digo yo, a ver k sacamos d todo ésto...
Respecto a manga y anime he de decir que.... VISITÉ EL SALÓN DEL MANGA AKÍ, EN VECINDARIO. Bueno, para ser el rpimero estaba muy bien, he de decir, felicito a los realizadores, que se lo curraron mucho. Fui con Adri, Only y Ju (mi sister). Comimos fideos (un poco piantes, por cierto....) y conocimos a Jonás, nuestro amigo OtaKuuuuuu, jajaja, saludos a él tamb ^^
Creo que no tengo mucho más que contar, ésto es un resumen desde febrero... ^^U (mátenme, descuartícenme y tortúrenme, no se los hecharé en cara...). Bueno, eso, hemos seguido con TeleFive y nuestros videos y... RAYCHU SE CASÓ EL ACRNÉ!!! Tiene coxe y todo, el tipo (por cierto, muxas gracias por llevarme todos los días ^.^U). Ah, y Pe se sacó el suyo hoy ^^ (felicidadesssssss!!!). A ver si en veranos me pongo las pilas y comienzo las prácticas y a "atropollar" viejecitas desamparadas e indefensas ^^
Pues nada xicos, aki les dejo. Seguramente se me habrán quedado cosas pero, ¿qué más da? al cuerno, mi vida es tan interesante como la de... em... la de... BUENO, DA IGUAL, NO SE ME OCURRE NADIE CON QUIEN COMPARAR, QUÉDENSE CON QUE NO ES PA TANTO Y YA ESTÁ XDDD
Beshitosss a todos y saludines a Naiky y Shinmei ^^

PD: FELIZ CUMPLEAÑOS RAYCHUUUUUUUUU!!!! K buena la marcha en las brujas y el dulce al k nos invitaste a todas, jajajaja

pa ti

  • Mar. 11th, 2007 at 12:34 PM
heijigritzi
un regalitooooooooooooooooo!!!!


te keremos!!!! (K)(K)(K)

Regalitooo!!!!

  • Mar. 11th, 2007 at 11:35 AM
heijigritzi

bueno, pues en verdad estamos en tu casa, y Marta esta entreteniendote...y yo mientras te escribo estar chorradas aki (q tmb soy Marta....to hay q decirlo!!!!)
pues nada Lore...que gracias por invitarnos a dormir en tu casa, q siempre nos acoplamos tia!!! ^^
y pa colmo nos kedamos en el asadero con toa tu familia!!! uuuuuu!!!!
jajajajajajaajjjajajajajaa
en serio q muchas gracias y ahora te voy a dejar alguna cosa interesante

                                                                                            POTAJE GALLEGO

Ingredientes para seis raciones:
  • 3 manos de cerdo saladas
  • 250 gramos de carne de ternera
  • 1 zanahoria mediana
  • 100 gramos de cebollas
  • 150 gramos de jamón
  • 300 gramos de alubias
  • 300 gramos de patatas
  • 2 dientes de ajos
  • 2 cucharadas de pimentón
  • 1 hoja de laurel
  • 1 rama de perejil
  •  Aceite al gusto (un vaso mediano)
  • Sal no pasarse

 

Elaboración:
Dejar en remojo las alubias durante 12 horas.
Trocear las manos de cerdo y dejarlas en remojo durante 12 horas.
En una olla con agua, hervir las manos de cerdo y la ternera.
Agregar las cebollas y las zanahorias a trozos, la hoja de laurel y el perejil.
En otra olla, verter las alubias y llevar a ebullición. Una vez hervidas, incorporarlas al potaje y sazonar.
Lavar y trocear las patatas. Añadir las patatas al potaje cuando ya esté muy cocido.
En una sartén con aceite, hacer un sofrito con los ajos picados y el pimentón.
Verter el sofrito en el potaje y dejarlo cocer 2 minutos.
Comprobar el punto de sal y servir muy caliente.



Bueno, pues tras esta deliciosa receta....esperamos que te salga bien el potaje, un besote muyt grande!!!
chaooooo!!!!!!